Cerebro expuesto a pantallas

La tecnología puede hacernos sentir que poco a poco se apropia de nuestras vidas, y lo cierto es que su uso y efectos en el cerebro son diversos. Ante esta situación, numerosas organizaciones científicas han publicado recomendaciones para el uso de los medios, limitaciones para estar expuesto a las pantallas, y promover su uso de manera positiva para el cerebro (especialmente en lo referido a los niños y a los jóvenes).

Las nuevas recomendaciones se centran en limitar el tiempo de exposición a las pantallas, o a usar este tiempo inteligentemente mediante el empleo de técnicas auto-regulatorias sobre cuánto deberíamos exponernos a ellas, y cómo hacerlo.

Algunas investigaciones han demostrado que los niños aprenden más de apps interactivas, participando con sus familiares, y usando la tecnología para vincularse con los demás, que mediante el uso de tecnologías y sistemas individualizados. También hay nueva evidencia que el excesivo tiempo de exposición a las pantallas (especialmente en edad temprana) puede modificar los circuitos neuronales en un cerebro en desarrollo. Sin embargo, los científicos divergen en si esos cambios son beneficiosos, o sí por el contrario causan problemas. Ambas visiones son objeto de interesantes debates en la actualidad.

El debate centrado en un estudio con pichones de rata expuestos a seis horas diarias de sonido y luces, similares a lo que se percibe en los videojuegos, demostró interesantes resultados. Los pichones experimentaron un “cambio dramático en diversas áreas del cerebro”, y varios de estos cambios sugirieron que el cerebro posee un nivel superior de excitación. Es necesario una mayor estimulación para lograr la atención cerebral.

¿Esto es un problema? Desde un punto de vista adicional significó que estas ratas pudieron permanecer calmas en un entorno que en principio podría parecer estresante. Aunque actuaron como sí padecieran cierto déficit de atención, demostraron signos de problemas de aprendizaje, y se mostraron propensas a realizar comportamientos arriesgados.

Algunos científicos sostienen que estos resultados aportan evidencias que deberían ser útiles para que los padres limitasen el tiempo de exposición de los niños frente a las pantallas. Otras interpretaciones más optimistas sugieren que los beneficios superan a los aspectos negativos. Sostienen que un cerebro menos sensible podría fracasar en entornos cómo los actuales, en dónde la sobre-estimulación es una constante. La idea básicamente es que, a mayor exposición ante estímulos sensoriales, mejor será el nivel cognitivo.

Según las últimas encuestas de Nielsen, un ciudadano medio americano destina nada menos que diez horas al día a “screen time”, el total de tiempo que pasamos mirando una pantalla sea cual sea el dispositivo. En concreto la cifra exacta es de 10 horas y 39 minutos diarios en 2016.

El informe incluye cuánto tiempo se dedica al uso de tabletas, teléfonos inteligentes, ordenadores personales, aparatos multimedia, vídeo juegos, radios, DVD’s, DVR’s y TVs. El resultado no debería sorprender. Son tantos y variados los artilugios tecnológicos que han proliferado en los últimos tiempos y que incorporan pantallas que al final han cambiado sustancialmente la forma en la que las personas emplean su tiempo. El informe documenta un aumento de una hora diaria de exposición de los adultos a las pantallas con respecto al año anterior. En 2015 las personas dedicaron 9 horas y 39 minutos diarios a los gadgets.

El aumento, según el informe, podría deberse al mayor uso de teléfonos inteligentes y tabletas. Nielsen solo obtiene información del consumo de medios, por lo que el tiempo dedicado a los teléfonos móviles o tabletas para realizar otras actividades (desde hacer fotografías a envío de textos) no ha sido considerado en los datos analizados.

Alrededor del 81% de los adultos norteamericanos poseen un teléfono inteligente, según el informe, que se usan en promedio diario de 1 hora y 39 minutos.

Asimismo, el informe documenta que a pesar de las múltiples opciones que están disponibles, la radio y la televisión continúan siendo los más usados. Alrededor del 94% de los adultos norteamericanos poseen un televisor de alta definición y el promedio de tiempo que están expuestos a sus pantallas mirando programas y películas es de 4,5 horas diarias. Otro elemento interesante en el estudio se refiere al uso de servicios de streaming o suscripción de videos de pago, como Netflix o Hulu, que coincide con la cantidad de DVR en los hogares.

En síntesis, el informe concluye que, de las 168 horas de la semana, dedicamos más de 50 horas a los artilugios tecnológicos. Las horas semanales de trabajo son 40, las dedicadas al sueño (7 horas diarias) son 49 horas, y si asumimos las necesarias para el cuidado y la higiene personal (alimentarse, ducharse, vestirse, preparar la comida) que requieren 3 horas diarias, entonces tendríamos 58 horas semanales disponibles para dedicar a otras actividades.

Esto incluye hobbies, deporte, tiempo con los hijos, con los amigos y pareja, leer, aprender, participar en actividades sociales, servicio comunitario, mantenimiento del hogar, transporte hasta el lugar de trabajo, entre otros. Si las personas dedican más de 50 horas a los medios para propósitos de entretenimiento, habría escasez de tiempo para otras cosas que también resultan valiosas.

Los datos pueden analizarse en la siguiente figura:

Basada en estos datos, con su campaña “Time is precious” Nike trata de poner en el foco los daños emocionales y los trastornos conductuales que esta sobrecarga de información causa sobre nosotros.

La campaña consiste en cinco piezas destinadas a las redes sociales.

En una de ellas llama la atención que hayan usado el sintetizador de voz Loquendo en vez de un locutor humano.

Link: https://www.youtube.com/watch?v=hncWOZawsWo

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El Autor

Roberto Álvarez del Blanco

Es una de las principales autorida- des internacionales en marketing y estrategia de marca. Profesor del IE Business School.

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