Robótica y el cerebro

La robótica ejerce ya una influencia importante en distintos sectores industriales; desde fabricación y agricultura, hasta el comercio detallista y el sector de servicios. Según la Federación Internacional de Robótica (IFR) el mundo cuenta con 1,1 millones de robots operativos. En el caso particular del sector del automóvil, los robots aportan aproximadamente el 80% del trabajo de ensamblado de vehículos.

Los avances tecnológicos en diversos campos como la ingeniería electrónica, ingeniería mecánica y ciencias de la computación, convergen para proporcionar una constante innovación en robótica. Los emprendimientos en robótica se han convertido en una área emergente, con el potencial de transformar sectores industriales completos.

El coste de fabricación de los robots ha disminuído drásticamente en los últimos años. El impacto que tenga su difusión sobre el trabajo humano depende del criterio de los analistas, que suele ser divergente. Si se considera la opinión de los venture capitals y de los emprendedores en este campo, la opinión que se obtendrá es que el impacto será positivo.  No hablan de eliminación de puestos de trabajos humanos, sino de traslado de actividades y de creación de nuevos puestos de trabajo en áreas como la tecnología digital. Asimismo, como consecuencia de las ganancias en productividad se generaría riqueza adicional, lo que provocaría mayor poder de compra, que a su vez posibilitaría la creación de nuevos puestos de trabajo en las actividades actuales.

Hoy se disponen de robots humanoides, de entretenimiento, androides, robots animales, robots sociales, robots guardianes, entre otros. En los próximos años se estima que el número de robots en el mundo laboral ascenderá a más de un millon, sólo en Japón. De hecho, las previsiones indican que la robótica moverá en Japón, el país más desarrollado en este sector, un mercado de 70.000 millones de dólares en el año 2025.

Recientes estudios han podido documentar las reacciones de las personas cuando interactúan con robots humanoides; robots con rostros que manifiestan expresiones humanas. Más del  80% de las personas que interactuaron con robots los encontraron “entretenidos”, el 73% los calificó de “atractivos”; más del 85% los consideró como objetos “vivos” y “no muertos”. Aquellos que interactuaron personalmente con los robots documentaron no sentir temor o perturbación. Incluso algunos espontáneamente los acariciaron o abrazaron al final de la interacción.

Para ayudar en el hogar, oficinas y fábricas, los robots deberán entender cómo funciona el mundo real y cómo se comportan los humanos en su entorno. Los investigadores en robótica se están ocupando de enseñarles este tipo de cosas. Por ejemplo, cómo encontrar las llaves del auto, servir una copa, retirar los platos de la mesa, y a no interrumpir cuando dos personas mantienen una conversación. Todo esto estará disponible con Robo Brain.

Consiste en un sistema informático a gran escala que aprende de información pública disponible en diversas fuentes de Internet. Actualmente ha descargado y procesado 1.000 millones de imágenes, 120.000 videos de YouTube, y 100 millones de documentos de cómo hacer tareas, además de manuales de uso de todo tipo de electrodomésticos y de aparatos. La información ha sido trasladada y almacenada en un formato amigable que los robots pueden consultar cuando lo necesiten. El sistema emplea lo que los científicos informáticos denominan “aprendizaje estructurado en profundidad”, en donde la información es almacenada en distintos niveles de abstracción. Esta base de datos a gran escala podría asemejarse a una gran configuración de relaciones entre amigos de Facebook, pero a una escala de la Vía Láctea. Algo colosal.

Un ejemplo práctico es el de la farmacia de San Francisco, fundada en 2011, y de la que se encarga un único robot. Cuando el cliente necesita dirigirse a ella, en cuestión de segundos el robot recibe todas las recetas, así como información sobre qué otros medicamentos toma y de sus supuestas alergias. Alojado en un ambiente estéril y refrigerado el sistema automáticamente prepara medicinas orales e inyectables, incluyendo compuestos para quimioterapia que coloca en bolsas especiales.

El robot asegura que las nuevas recetas no sean incompatibles con ningún otro medicamento o alergia, y despues proporciona al cliente el producto en cuestión. En su primer año de funcionamiento el robot farmacéutico canjeó dos millones de recetas sin cometer una sola equivocación. El sistema de códigos de barras y datos computarizados elimina los posibles errores.

En promedio, los farmacéuticos se equivocan en el 1,7% de las recetas. Solo en Estados Unidos esto supone un coste anual de más de 50 millones de dólares por errores de recetas.

El robot farmacéutico ha trabajado durante cinco años con el 100% de eficiencia

El desarrollo de artilugios robotizados para su uso en el hogar, oficinas, ambientes urbanos y en fábricas exige que la interpretación de las actividades humanas, y de la interacción con humanos, adquiera un papel fundamental. Este desafío inicia un nuevo panorama para la investigación interdisciplinaria en lo referido al aprendizaje, reconocimiento de acciones y cognición, para el objetivo final de diseñar humanoides de compañía cognitiva. Las áreas incluyen: coordinación sensomonitorizada, fusión multisensorial, atención, reconocimiento de gestos humanos, modelos de incertidumbre, y aprendizaje por demostración.

Los avances recientes en robótica, visión computarizada, inteligencia artificial, proceso estadístico de señalización, y teoría de control, asi como los avances en sensores miniaturizados, procesadores potentes y comunicación en red, han favorecido el desarrollo de redes y sistemas de robots autónomos.

Las aplicaciones incluyen monitorización y operaciones en entornos remotos y peligrosos, estructuras de ingeniería civil, y en el sector de servicios. Todas estas áreas en cuestión implican el diseño de robots sociales inspirados en la biología humana.

En algunos casos, lo que se propone es que el robot se constituya en una extensión natural de nuestro cuerpo humano. Por ejemplo, ya es posible utilizar la voz o comandos mentales para controlar máquinas. Sin embargo, lo que algunos centros de investigación en inteligencia artificial proponen es que los robots puedan ser controlados por el cerebro.

Para que sea posible hay que usar la gorra de electroencefalografia (EEG) para que el sistema funcione, debido a que es necesario leer y grabar la actividad del cerebro humano. El algoritmo creado clasifica las olas del cerebro entre 10 y 30 milisegundos, identificando potenciales errores. Estas son señales que el cerebro genera cuando se comete un error.

Si la persona está en desacuerdo con la decisión del robot (por ejemplo, ¨pon una lata de pintura en una cesta marcada con la palabra wire¨), el sistema detecta el error en el pensamiento para corregir el curso de acción de la máquina. Lo que la persona hace mientras observa al robot es acordar o diverger mentalmente con lo que está realizando. La máquina se adapta a la persona y no a la inversa.

Esta metodología permitirá enormes adelantos en la supervisión de robots en las fábricas, en automóviles sin conductor, y en otras tecnologías que aún están pendientes de ser inventadas. Para probar este método, los científicos usan robots con dos brazos como Baxter.

El experimento puede verse en el siguiente video.

https://www.youtube.com/watch?v=Zd9WhJPa2Ok

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El Autor

Roberto Álvarez del Blanco

Es una de las principales autorida- des internacionales en marketing y estrategia de marca. Profesor del IE Business School.

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