Cerveza creada con inteligencia artificial

La expresión inteligencia artificial (IA) fue acuñada por John McCarthy en 1956, y la definió cómo: “… la ciencia e ingenio de hacer máquinas inteligentes, especialmente programas de cómputo inteligente”. La IA, también llamada inteligencia computacional, es la inteligencia exhibida por máquinas. En ciencias de la computación, una máquina “inteligente” ideal es un agente racional flexible que percibe su entorno y lleva a cabo acciones que maximicen sus posibilidades de éxito en algún objetivo o tarea.

Coloquialmente, el término inteligencia artificial se aplica cuando una máquina imita las funciones «cognitivas» que los humanos asocian con otras mentes humanas, como, por ejemplo: “aprender” y “resolver problemas”. Avances tecnológicos todavía clasificados como inteligencia artificial son los sistemas capaces de jugar ajedrez, GO y manejar por sí mismos.

Las cosas van demasiado rápido con la inteligencia artificial. Expertos vaticinan que el desarrollo de la IA, el mayor reto tecnológico de la historia, dará a luz una nueva generación de robots autónomos capaces de atender nuestras necesidades. Sin duda asistiremos a enormes avances en esta área. El futurólogo Raymond Kurzweil, que hoy trabaja en la división de Ingeniería de Google, está convencido de que durante este siglo los robots serán capaces de pasar el test de Turing, incluso antes de 2029. No sería la primera vez que se cumplen sus predicciones. El test de Turing, se basa en que la máquina en cuestión debe ser capaz de escribir una historia de ficción, crear un poema o elaborar una pintura para superar la prueba. Para superar este test, el agente artificial debe desarrollar un artefacto creativo a partir de una serie de géneros artísticos que requieren un mínimo desarrollo de inteligencia. Además, el artefacto debe cumplir con ciertas limitaciones que son impuestas por el evaluador humano. Aunque la creatividad no es exclusiva de la inteligencia humana, sí es uno de sus sellos de identidad”.

La IA está siendo aplicada también con notable éxito en el diseño de nuevos productos. Por ejemplo, la marca danesa de cervezas Carlsberg está invirtiendo millones de dólares en investigación para acelerar la identificación de nuevos sabores y aromas en un proyecto conocido como “las huellas de la cerveza”.

Carlsberg ha formado un equipo con Microsoft y dos universidades para llevar a cabo esta iniciativa, la cual comprende utilizar sensores de IA para desarrollar nuevas cervezas y mejorar los controles de calidad. El objetivo es reducir tiempos y costes en la creación de nuevas cervezas, aunque consideran que las ventajas de las posibles aplicaciones de este proyecto van más allá de las bebidas. Por ello, están pensando en cómo desarrollar nuevos segmentos que permitan determinar que la misma técnica funcione en otras industrias, cómo la alimentaria o la farmacéutica. Los sensores pueden responder rápidamente ante la presencia de contaminantes en la tierra, aire o agua.

El proyecto nació con el propósito de disponer de un análisis instantáneo que detectase distintos sabores o aromas. La marca formó equipo con la Universidad de Aarhus y desarrolló junto a ella unos sensores capaces de detectar diferencias entre cuatro cervezas: Carlbersg, Tuborg, la pilsener Wiibroe y la cerveza sin alcohol Nordic.

Los sensores pueden reducir un 30% el tiempo necesario para desarrollar una nueva cerveza, una cifra que normalmente se sitúa entre los 8 y 24 meses. En la actualidad, los cerveceros dependen de personas, o de cromatografías y la espectrometría para detectar nuevos sabores y aromas, un proceso que puede durar horas por cada líquido probado.

El tiempo de desarrollo podría reducirse de manera significativa, ya que los cerveceros primero comprueban que las nuevas cepas de levadura son capaces de crecer y producir alcohol antes de decidir si han adquirido el aroma y sabor correctos. Gracias a estos sensores, los investigadores podrán acelerar el proceso. Microsoft se ha incorporado para ayudar a interpretar los datos y ofrecer una interfaz fácil de utilizar para ver los resultados. La cervecera invierte 28 millones de coronas danesas (5,265 millones de dólares; 3,76 millones de euros) en el proyecto, mientras que el Fondo Danés para Innovaciones, un organismo con apoyo gubernamental, aportara 18 millones de coronas danesas (3 millones de dólares; 2,4 millones de euros).

Carlsberg, que está controlada por una fundación que invierte en investigación universitaria, es conocida por tener un laboratorio muy activo implicado en varios avances científicos. Algunos de estos avances serían la escala de pH utilizada para medir la acidez de las sustancias o el método Kjeldahl, usado para medir la cantidad de nitrógeno generado en el laboratorio.

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El Autor

Roberto Álvarez del Blanco

Es una de las principales autorida- des internacionales en marketing y estrategia de marca. Profesor del IE Business School.

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