El mundo moderno y el cerebro

picture2Nuestro cerebro está más ocupado que nunca. Lo invaden acontecimientos, rumores, y todo tipo de información. Intentar descubrir lo que necesitamos conocer y aquello que debe ignorarse es una tarea ardua. Al mismo tiempo, tenemos que realizar numerosas tareas por nuestra cuenta, y hacemos hasta el trabajo de diez personas para progresar en nuestras vidas, atender a la familia, a los amigos, a la carrera profesional, a los hobbies, y a las distintas ofertas de entretenimiento.

Los teléfonos móviles son una especie de ¨cuchilla suiza¨ contemporánea, al incluir diccionario, calculadora, correo electrónico, buscador de web, Game Boy, agenda, grabador de voz , pronóstico del tiempo, GPS, tweeter, Facebook, y mucho más. Son muy potentes y hacen más cosas que los mejores ordenadores que la casa matriz de IBM tenía treinta años atrás. Y los usamos permanentemente, son parte de la nueva manía del Siglo XXI. Se envían textos mientras se camina por la calle, se leen correos electrónicos durante la espera para ser atendidos en una tienda, y cuando se está con amigos se suele investigar que es lo que están haciendo los otros amigos ausentes.

Pero hay algo importante a considerar. Mientras creemos que estamos haciendo varias cosas a la vez y que gestionamos con éxito la multitarea, puede que nos enfrentemos a una diabólica ilusión. Se ha comprobado que el cerebro no está preparado para funcionar correctamente en multitarea y en la atención dividida.

Mientras pensamos que estamos realizando multitarea, en realidad lo que se está haciendo es pasar de una actividad a otra en forma rápida. Al hacerlo se produce un coste cognitivo importante y creemos que estamos logrando hacer muchas cosas aunque, irónicamente, la multitarea ha demostrado ser más ineficiente.

La multitarea incrementa la producción de cortisol, la hormona del estrés, además de la adrenalina que puede sobre estimular al cerebro y causar nebulosas mentales, o pensamientos e ideas precipitados. La multitarea crea una adicción a la dopamina, que premia al cerebro al perder enfoque, y que consecuentemente busca en forma constante la estimulación externa. Para complicar más las cosas, la corteza prefrontal se afecta por la novedad del sesgo, lo que significa que su atención puede fácilmente influenciada por algo nuevo. La ironía, para aquellos que intenta enfocarse en actividades que compiten entre sí es clara: la región del cerebro en la que deberíamos confiar para realizar la tarea específica se distrae fácilmente.

Contestamos al teléfono, miramos algo en internet, chequeamos el correo electrónico, enviamos un SMS, y cada una de estas actividades da un ¨pellizco¨ a lo novedoso (busca una recompensa) y actúa sobre los centros de recompensa del cerebro. Esta situación ha sido descrita como infomanía, la oportunidad de realizar multitarea en perjuicio del rendimiento. Se ha demostrado que en esta situación el coeficiente intelectual puede llegar a disminuir hasta en 10 puntos.

En recientes investigaciones realizadas en la Universidad de Stanford se ha demostrado que cuando se recibe información de aprendizaje en situaciones de multitarea los nuevos datos van a regiones equivocadas del cerebro. Si un alumno estudia y mira televisión a la vez, la información de su trabajo escolar se dirige hacia el estratium, región especializada en almacenar nuevos procedimientos y capacidades, no hechos o ideas.

Sin la distracción de la televisión, la información va directamente al hipocampo, donde se organiza y categoriza en diversas formas, haciendo que resulte fácil de recuperar.

Además, hay un coste mediático. Al tener que modificar el cerebro la atención desde una actividad a otra en la corteza prefrontal y en el estriado se produce glucosa oxigenada, el ¨combustible¨ para centrarse y desarrollar la tarea. El hecho de mantener un rápido y continuo cambio de actividad hace que el cerebro lo produzca tan rápidamente, que nos hace sentir cansados y desorientados luego de un breve período de tiempo.

Los nutrientes del cerebro empobrecen, lo que afecta tanto al rendimiento cognitivo como al físico. Además, aumenta le nivel de ansiedad, con el consecuente incremento de hormonas de cortisol en el cerebro, causantes del estrés, que puede derivar en conductas agresivas y en comportamientos impulsivos. Por el contrario, si se realiza una sola tarea el control se manifiesta en el cingulado anterior y en el cuerpo estriado, y cuando se inicia la ejecución se requiere de menor energía y de menos glucosa en el cerebro.

En una investigación realizada recientemente con directivos de las compañías incluidas en el ranking Fortune 500, científicos reconocidos, escritores, estudiantes y propietarios de pequeñas y medianas empresas, el correo electrónico surge  reiteradamente como el principal problema. No es una objeción filosófica al correo electrónico, sino a la cantidad enorme de e-mails que se reciben a diario. Es significativa la anécdota del hijo de diez años de un reconocido neurocientífico internacional que preguntado sobre la actividad de su padre dijo: ¨Contesta correos electrónicos¨. Numerosos funcionarios públicos, especialistas en el mundo del arte o en la actividad empresarial también declaran que la cantidad de correos electrónicos que reciben es avasalladora, requiriendo una buena parte del tiempo diario. Estamos obligados a contestarlos, pero parecería imposible hacerlo, y al mismo tiempo cumplir con otras obligaciones importantes.

Hoy en día, el correo electrónico está orientándose hacia su obsolescencia como medio de comunicación. La mayoría de los jóvenes menores de treinta años piensan que el e-mail es una forma de comunicación anticuada, usada sólo por las personas mayores. En su lugar, envían textos y algunos post en Facebook. Adjuntan documentos, fotografías, vídeos y links a sus mensajes. Muchos jóvenes menores de 20 años ven a Facebook como un medio de la generación mayor.

Para ellos el texto se ha convertido en el principal medio de comunicación. Ofrece privacidad y evita hacer llamadas telefónicas, además de la inmediatez de la que carece el correo electrónico. Asimismo, puede compartirse con varias personas en forma simultánea.

Cada vez que enviamos un  correo electrónico, de una forma u otra, sentimos satisfacción  y el cerebro recibe un flujo de hormonas que nos aseguran el logro. Cada vez que chequeamos Twitter o Facebook y encontramos algo novedoso nos sentimos mejor conectados socialmente (en una especie de red cibernética impersonal) y obtenemos otro flujo de hormonas  compensatorias.

Sin embargo, se debe tener presente que es lo novedoso lo que en el sistema límbico del cerebro induce al sentimiento de placer, no de planificación, organización, o del mayor nivel de pensamiento que se produce en la corteza prefrontal.

Parecería que chequear los correos electrónicos, Facebook y Twitter constituye una especie de adiccion neuronal.

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Pedir que el cerebro reoriente la atención desde una actividad a otra provoca que la corteza prefrontal y el cuerpo estriado se inunden de glucosa oxigenada, el mismo combustible necesario para realizar la tarea.

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El Autor

Roberto Álvarez del Blanco

Es una de las principales autorida- des internacionales en marketing y estrategia de marca. Profesor del IE Business School.

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