Nos toca superar un inicio de década muy traumático y excepcional. Al momento de escribir este post, un tercio de la población mundial, alrededor de 3.000 millones de personas, estamos obligados a confinarnos en nuestros hogares. El número de naciones o territorios con casos declarados de coronavirus (COVID-19) asciende inexorablemente: hoy ya son 182.

Desde que se anunció a inicios de enero el primer caso de coronavirus en China, la vida ha cambiado significativamente para cientos de millones de personas en el mundo. Estamos inmersos en una experiencia inédita. Estamos parando el mundo y volviendo prácticamente a una economía de subsistencia. El confinamiento total de la población significa parar la actividad productiva de los países, incrementar el desempleo, generar una perturbación financiera y disrupción sin precedentes en la economía, que tendrá una incidencia notable e intensidad incierta sobre la sociedad.

El terror a la transmisión del coronavirus ha ocasionado cierre de gran parte de la actividad económica, de colegios, de universidades, de fronteras y hasta puso en cuarentena al dinero chino, donde, como medida de emergencia maravillosa, llevan varios días esforzándose por limpiar billetes y monedas en circulación.

Para frenar y vencer al coronavirus es necesario cambiar radicalmente todo lo que hacemos: como trabajamos, socializamos, compramos, gestionamos nuestra salud, hacemos ejercicio, educamos a nuestros hijos, cuidamos a familiares … Todos deseamos volver rápidamente a la normalidad. Pero muchos aun probablemente desconocen (aunque pronto se enterarán) que para que las cosas vuelvan a la normalidad deberán pasar semanas, o incluso meses. Algunas cosas nunca volverán a ser iguales. El coronavirus supone un punto de inflexión. Cuando la pandemia retroceda y recuperemos las calles, tendremos ante nosotros un mundo diferente.

En esta emergencia mundial por la infección del coronavirus SARS-Cov2 la investigación biomédica se ha puesto en marcha aceleradamente para tratar de conocer el origen de la enfermedad, su transmisión y sus efectos. Los resultados que se obtengan serán fundamentales para la toma de decisiones públicas, sociales y personales. Así mismo, se han puesto en marcha investigaciones y procedimientos para detectar el virus, posibles vacunas y tratamiento preventivos. Hay numerosas publicaciones de artículos científicos desde inicios de año hasta la fecha (más de 900 según la revista Nature). Los avances que se obtengan ayudarán a combatir y vencer una pandemia que está produciendo perversos y devastadores efectos sobre la salud de la población mundial y sobre la economía global.

Esta desgraciada pandemia a la que nadie es ajeno y que está llevándose la vida de miles de personas en el mundo será un dramático episodio transitorio. Sin embargo, la duración de sus efectos dependerá crucialmente del éxito de las medidas para reducir los nuevos contagios y, también, de las políticas aplicadas para disminuir el impacto generado por el cese de la actividad de muchas empresas y de las consiguientes pérdidas de puestos de trabajo.

La pesadilla que hoy vivimos se va a convertir en una guerra larga y dura, con oleadas de enfermedades combatidas con oleadas de restricciones. En ocasiones el virus concentrará sus ataques en una región, luego en otra. Por lo tanto, necesitará movilizar todos los recursos de la sociedad, con un enfoque geográfico mutante.

Para ganar esta guerra se requieren decisiones acertadas a nivel político y líderes talentosos para la gestión de crisis. En algunos casos se está comprobando que algunas decisiones adoptadas se han visto afectadas por el llamado efecto Dunning-Krueger que se produce debido a la sobreestima de las capacidades, y al desconocimiento de las propias incompetencias. Se han asumido conclusiones erróneas (¨esto es simplemente una gripe y es innecesario actuar agresivamente¨) y se han tomado decisiones muy desafortunadas (autorizar manifestaciones multitudinarias o la realización de espectáculos deportivos) cuando ya se sabía de la velocidad con que se manifiestan los contagios. En algunos casos, la incompetencia inhibe la habilidad metacognitiva para entender las consecuencias. A nivel individual, violar las prohibiciones de cuarentena es un claro ejemplo. Ciertas personas están incapacitadas para discernir y distinguir la exactitud o la precisión, del error.

El buque hospital USNS Confort pasa Manhattan cuando ingresa al puerto de Nueva York durante el brote de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) el 30 de marzo de 2020.

Ahora sí que estamos ante una prueba para que la sociedad demuestre sus capacidades, talento, responsabilidad, solidaridad … Vivimos una disrupción radical de las costumbres y hábitos cotidianos. Experimentamos fuertes emociones (temor, incertidumbre, riesgo, angustia), nos vemos afectados por el aislamiento y la distancia social, y por la responsabilidad de cuidar nuestra salud, la de nuestros seres más queridos, y la de los semejantes con máximo esmero.

La psicóloga italiana Francesca Morelli ha reaccionado de forma admirable ante la crisis que ha creado el coronavirus. Su reflexión es la siguiente: «En una fase social en la que la regla es que cada uno se ocupa de su propio jardín, el virus nos envía un mensaje claro: “la única salida es la reciprocidad”. La responsabilidad compartida, el sentimiento de que tu destino depende no solo de ti sino de todos los demás que te rodean. Y que dependes de ellos».

Esta podría ser una magnífica ocasión para confirmar la capacidad de los seres humanos de luchar contra situaciones de riesgo colectivo y recuperar la idea de que es posible una sociedad más unida, más eficaz, más solidaria no solo frente a esta pandemia, sino para afrontar otros muchos problemas que afectan a su capacidad de acción en el mundo.

Sabemos que genios como William Shakespeare e Isaac Newton comenzaron a crear sus obras maestras durante un confinamiento. Esto demuestra que, ante la necesidad, nuestro cerebro se pone en marcha para agudizar nuestro ingenio y permitirnos salir adelante ante situaciones difíciles. Por lo tanto, hay esperanza, y afortunadamente ya se manifiestan numerosos casos de solidaridad y colaboración. Un ejemplo interesante de innovación colaborativa lo suministra la empresa belga Materialise.

Se ha demostrado que tocar los pomos de las puertas para abrirlas, o pulsar los botones del ascensor implica exponerse a posibilidades de contagio del virus. Para acabar con esta, ahora, peligrosa práctica lo que proponen es una pieza impresa en 3D que se instala en los pomos o en las cerraduras y que se acciona tan sólo con el brazo, evitando el contacto directo de la mano. La importancia es que evitaría la mayor parte de los contagios que se producen al llevar las manos a la cara luego de tocar un objeto contaminado. Sostienen: “en nuestra misión para construir un mundo mejor y más sano, hemos compartido los archivos para que las compañías de todo el mundo y los ciudadanos puedan imprimirlas si disponen de una impresora 3D. Esto se puede usar en casas, hospitales, fábricas y residencias de ancianos”.

Según explican, en menos de 24 horas, los ingenieros materializaron las piezas que sirven para abrir las puertas sin usar las manos y que son fáciles de instalar: sin desinstalar el pomo de la puerta, solo con unir las dos piezas con unos tornillos es suficiente.

Para ver el modelo en funcionamiento ver los siguientes links:

https://www.youtube.com/watch?time_continue=61&v=m7M-0zoXaiY&feature=emb_title

https://www.youtube.com/watch?v=nvCxY3BCE7E

Para obtener en forma gratuita las instrucciones y planos:

https://www.materialise.com/en

Aprender de la Historia

La inquietud que hoy ha generado el Covid-19 encuentra eco en el temor que en el pasado sintieron las sociedades ante otras epidemias. En realidad, estos acontecimientos tan perturbadores han demostrado que pueden cambiar todo.  Conocerlos es oportuno para aprender de ellos e intentar descubrir lo venidero.

Una de las primeras pandemias de las que se tienen referencias, conocidas en la antigüedad como pestes, se manifestó en el año 430 a. de C. Atenas sufrió una temible plaga mientras se encontraba sumida en una guerra contra otras ciudades-Estado griegas liderada por Esparta.

Es posible que se introdujera en la ciudad mediante el agua corriente y que se viera exacerbada por el hacinamiento dentro sus muros debido a la afluencia de refugiados procedentes del campo. La peste mató a Pericles, el gobernante que dio a Atenas sus años dorados, y a todos sus hijos legítimos.

Tucídides, uno de los primeros historiadores de nuestra civilización, tuvo el raro privilegio de sufrir el contagio pero pudo sobrevivir. “Los que estaban sanos, veíanse súbitamente heridos sin causa alguna precedente que se pudiese conocer. Primero sentían un fuerte y excesivo calor en la cabeza; los ojos se les ponían colorados e hinchados; la lengua y la garganta sanguinolentas, y el aliento hediondo y difícil de salir, produciendo continuo estornudar —escribió, recordando el suceso, en su ‘Historia de la guerra del Peloponeso’—; la voz se enronquecía, y descendiendo el mal al pecho, producía gran tos, que causaba un dolor muy agudo”. La descripción de los síntomas que hace Tucídides llega a detallar las características de las pústulas, la tonalidad de los vómitos y la incapacidad de conciliar el sueño a causa del dolor.

En todo caso, después de la peste y la muerte de Pericles, los atenienses no solo perdieron la guerra contra la coalición liderada por Esparta, sino la democracia (la recuperarían con el tiempo) y el imperio que habían forjado (que nunca volverían a tener). Pero cuando la democracia volvió, resultó no ser lo bastante fuerte como para soportar las críticas de Sócrates, al que se condenó a muerte por, supuestamente, inculcar ideas perniciosas a los jóvenes y no creer en los dioses del Estado. La guerra y la peste lo cambian todo.

Pericles dirigiéndose a la Asamblea de Atenas

A lo largo de los siglos, distintas epidemias han afectado a Europa cada pocos años: tifus, disentería… Una de ellas resultó especialmente nociva, hasta el punto de que su nombre se utiliza aún para designar cualquier patología, infecciosa o no, que provoca una gran mortandad: la peste.

Aunque apareció en múltiples ocasiones, la de 1348 ha permanecido en la memoria histórica como la más dañina. Alcanzó un nivel tan devastador que un tercio de la población europea sucumbió a sus estragos. Después regresaría a intervalos más o menos regulares: 1363, 1374, 1383, 1389…, aunque nunca con aquella intensidad letal.

¿Cómo reaccionaron los contemporáneos de estas catástrofes sanitarias? Eran muy conscientes de que nunca aparecían en solitario, sino unidas a otros dos jinetes del Apocalipsis: el hambre y la guerra. Para aquellos que eran religiosos, no había duda de que la enfermedad constituía un castigo, expresión de la cólera de Dios ante los pecados de los hombres. Por eso, muchos acostumbraban a representar la peste como una lluvia de flechas que afectaba a todos por igual, ricos y pobres, jóvenes y viejos.

Este carácter igualitario y su naturaleza repentina eran los rasgos que más llamaban la atención del hombre medieval. Nadie estaba a salvo. Uno podía estar sano y morir a los dos o tres días, tal como observó el religioso Jean de Venette durante una peste en el París del siglo XIV. Se generaba un temor que podía llegar hasta la psicosis.

Flagelantes recorren la ciudad de Tournai para liberar al mundo de la peste negra.

Para dar sentido a los acontecimientos, muchos buscaban una víctima propiciatoria al que culpar. Entre los sospechosos habituales se encontraban los extranjeros, marginados sociales como los leprosos o una minoría religiosa, los judíos.

Las ejecuciones de estos últimos llegaron a considerarse una medida profiláctica para prevenir la extensión de mal. En 1348, varias personas fueron quemadas en Stuttgart, a pesar de que la ciudad aún estaba libre de la epidemia, que no llegaría hasta dos años después. La peste contribuía a acentuar un antisemitismo ya enraizado en la mentalidad de la época.

La angustia hacía que los testigos proporcionaran evaluaciones muy exageradas de los hechos. Boccaccio, en el Decamerón, afirma que en Florencia murieron más de cien mil personas durante la peste de 1348. Esta cifra, como precisaba el historiador Jean Delumeau en El miedo en Occidente, resulta desorbitada. La ciudad italiana no tenía por entonces tantos habitantes.

Cuando se desataba el pánico, emergía la parte más egoísta del ser humano. Incluso aquellos a los que se les presuponían determinadas cualidades morales podían actuar como perfectos cobardes. Los clérigos no estaban libres del miedo, así que también se unían a la desbandada de los que procuraban escapar por todos los medios de una epidemia.

En 1656, el cardenal arzobispo de Nápoles prohibió a sus curas que abandonaran su parroquia. Pero él se abstuvo de predicar con el ejemplo: corrió a refugiarse al convento de San Telmo y no lo abandonó hasta que pasó el peligro.

Las crónicas sobre epidemias en diversos siglos muestran cómo el peligro de contagio desataba episodios de crueldad. En la ciudad alemana de Wittenberg, durante la peste de 1539, se produjo un auténtico sálvese quien pueda. Martín Lutero, el gran líder de la Reforma Protestante observó que sus conciudadanos huían en medio de la histeria. Los enfermos no tenían quien les prestara cuidado. Según Lutero, el miedo era un mal aún más terrible que la propia enfermedad. Perturbaba el cerebro de la gente y la empujaba a no preocuparse ni siquiera de sus propias familias.

La última gran epidemia de peste que asoló Europa tuvo lugar en Marsella en 1720. Después la enfermedad prácticamente desapareció del Viejo Continente. Sería sustituida por otras plagas terribles, aunque no tan mortíferas, como la viruela, el tifus o la fiebre amarilla. Este último mal asoló Andalucía entre 1800 y 1804. En un intento de hallar una explicación, se discutía si el miedo era el causante del contagio.

Las voces más sensatas respondieron que eso no podía ser: los hombres valientes morían en mayor cantidad que las mujeres “tímidas” o los niños. Además, no se observaba que en el ejército o en la marina hubiera más afectados. Eso es lo que hubiera debido suceder de ser cierta esta hipótesis: en el combate se experimenta temor.

El jinete de la Muerte, del ‘Apocalipsis de los Confinados’, Normandía, Francia, c. 1300.

En 1918, con la conocida como gripe española, regresaría una pandemia tan letal como las de siglos anteriores. Significó la muerte, en dos años, de más de cuarenta millones de personas en todo el mundo. La pandemia se abalanzó sobre una Europa que aún no había salido de las calamidades de la Primera Guerra Mundial. Los servicios médicos se encontraron desbordados ante aquella amenaza de origen incierto.

Según un miembro del personal sanitario francés, la inconsciencia de la gente favorecía la extensión del problema: “La ignorancia y la ligereza de la masa del público, la incomprensión de las necesidades de aislamiento, de profilaxis, alargan a seis meses una epidemia cuya duración habitual no sobrepasa las seis semanas”.

En aquel ambiente de angustia, la prensa francesa no dudó en culpar de la gripe al enemigo germano. Las teorías más descabelladas parecían creíbles en aquellos momentos. Circulaban rumores sobre conservas llegadas desde España en las que los agentes del káiser habrían introducido agentes patógenos.

Lo cierto es que Alemania se vio igualmente afectada por la gripe. Cuando la contienda finalizó, el contraespionaje francés no había podido detener a nadie bajo la acusación de practicar la guerra biológica.

Póster alertando a la ciudadanía sobre la gripe española en Alberta, Canadá, 1918. Da indicaciones sobre cómo usar una mascarilla.

El siguiente gran episodio de pánico se desató en la década de los años de 1980: lo provocó el virus del sida. Los homosexuales y los drogadictos pasaron a ser los nuevos apestados en un clima en el que la histeria, una vez más, desencadenaba actitudes persecutorias hacia los más débiles.

En 2018, 37,8 millones de personas vivían con SIDA, resultando en 770.000 muertes. Se estima que 20,6 millones de ellas viven en África. Desde el momento en que se identificó el virus (a principios de 1980) y 2018, las muertes causadas se estiman en 32 millones de personas en el mundo.

La pandemia del SIDA ha producido discriminación (sexofobia) hacia las personas afectadas por la enfermedad. La discriminación es una manifestación de estigmatización de actitudes y comportamientos en el mundo. Incluye ostracismo, rechazo, discriminación o rehuir de ellas. Este actitud y estigma limita en algunos países el acceso de los afectados a los controles o cuidados médicos necesarios, lo que disminuye la búsqueda de diagnósticos y pruebas, identificar crisis, aislamiento, soledad, baja autoestima y pérdida de interés por contener la enfermedad.

Incluso, algunas formas de discriminación se vinculan a la exclusión de puestos de trabajo, prohibición de adquisición de viviendas, pagar extra por alquileres, realizar pruebas obligatorias sin consentimiento o protección de la confidencialidad, realizar cuarentenas, o incluso sufrir la pérdida de derechos de propiedad ante la muerte de la esposa.

En el Siglo XX también se vivieron otras epidemias que generaron crisis y consecuencias relevantes. La parálisis infantil se manifestó en la década de 1950 y afectó a cientos de miles de niños en todo el mundo. Las epidemias de las vacas locas, ébola, fiebre aviar, viruela, tos ferina y dengue son otros ejemplos de episodios devastadores por su elevado nivel de contagios y efectos perversos para la sociedad.

Los ejemplos de la historia nos enseñan que debido a las pandemias se manifiestan una serie de efectos y consecuencias comunes:

– Masiva pérdida de vidas humanas
– Disrupción social
– Búsqueda de culpables
– Hipótesis conspiratorias
– Discriminación
– Xenofobia
– Afloración de egoísmos
– Ignorancia e inconsistencias
– Rumores, calumnias y falsedad de noticias (fake news)
– Miedos imaginarios y reales
– Angustia
– Psicosis
– Crisis económica
– Deterioro financiero
– Desempleo
– Crisis política
– Deterioro (y destitución) de liderazgos ineficaces

Evidentemente, también es necesario significar los aspectos positivos que surgen del comportamiento humano: solidaridad, esfuerzo, heroicidad, refuerzo de valores éticos, responsabilidad, civismo, compromiso y altruismo, entre otros. Coloquialmente, estas crisis provocan el surgimiento de las mejores virtudes y de las peores miserias que caracterizan a la especie humana.

Albert Camus ha escrito que en tiempos de pestilencia aprendemos que en el hombre hay más de lo que admirar que de lo que despreciar. Hoy, conmueve y emociona profundamente ser testigos del esfuerzo al límite, dedicación abnegada, solidaridad y profesionalidad del personal sanitario (médicos, enfermeras, auxiliares, limpiadores) en hospitales colapsados, con escasez de material de protección y de equipos. Policías, militares, bomberos, farmacéuticos, cuidadores de personas mayores, transportistas y operadores logísticos, ganaderos y agricultores, empleados en la cadena de producción de alimentos, cajeras de supermercados, conductores de transporte público, basureros, y miles de voluntarios que colaboran anónimamente para aliviar el dolor y demandas de la sociedad, son también abnegados, y renuevan la esperanza para un futuro mejor.

Investigadores y científicos trabajando esforzadamente en laboratorios para encontrar una vacuna para vencer al virus son también verdaderos héroes en este entorno tan complejo. Todos ellos roles modelos y nos inspiran con su esfuerzo y sacrificio.

Varias estatuas de un complejo residencial de Takoma Park, Maryland, lucen máscaras sanitarias, esta semana en Estados Unidos.

Nuevo escenario

Realizar pronósticos en medio de este torbellino es sumamente complejo, aunque pocos dudan al afirmar que nada volverá a la normalidad después de este cataclismo que está provocando el coronavirus, sin que se experimente cambios significativos. Niels Bohr, premio Nobel de Física en 1922, sostuvo que «la predicción es muy compleja, especialmente la del futuro». Esta irónica sentencia expresa perfectamente lo que se siente al iniciar la visualización del futuro. La más sencilla predicción sobre lo venidero, y probablemente la más acertada, es que la mayoría de los pronósticos serán incompletos. Los valores, percepciones y aspiraciones de la sociedad cambiarán tanto (y lo seguirán haciendo en los próximos años) que reforzarán nuevas tendencias con efectos e influencias permanentes.

La escritora Masha Gessen, autora del libro ¨The Future is History¨ menciona en la revista The New Yorker que la sociedad emprenderá un ejercicio de imaginación que además de ser útil para reaccionar a la crisis actual, lo es para dar forma al futuro. La imaginación no es solo fundamental para encontrar soluciones inmediatas a una crisis para la que no estábamos preparados y que no solo va a ser sanitaria y económica, también social y emocional. Imaginar mundos futuros no es ninguna pérdida de tiempo en medio de una tragedia, puede ser un bálsamo en tiempos de incertidumbre con el que dar forma a lo que vendrá y que, sin duda, será muy diferente a lo que conocíamos. Por eso las distopías triunfan en tiempos inciertos, porque canalizan el miedo y ayudan a imaginar otras realidades. Ninguna da más miedo que lo desconocido.

En su libro ‘Nonsense’, el economista del comportamiento Jamie Holmes analiza casos en los que la incertidumbre nos vuelve creativos. Nuestro cerebro se activa buscando certezas porque no lleva bien la ambigüedad. El shock emocional que nos aflige será el caldo de cultivo para una renovación de la creatividad, impulsará un gran despertar de nuevas ideas. La creatividad e ingenio de personas en los balcones de Italia, España, Francia, Singapur, y brillantes formas de conexión en las redes sociales, y en algunos países a través de la radio, son claros ejemplos de lo que se estaría gestando, aun en medio de esta tormenta perfecta.

Portadas del mes de marzo de dos revistas newyorkinas

En términos económicos nos enfrentamos a una crisis estelar, provocada por un shock de oferta, un shock de demanda, crisis financiera, caída de los precios de las materias primas, pérdida de millones de puestos de trabajo, recesión económica (en algunos países se pronostica depresión), y cese significativo de la actividad industrial. Indudablemente, algo totalmente inédito, que cuesta racionalizar. Si añadimos en la ecuación la elevada probabilidad de defaults (impago de deuda soberana) de ciertos países en vías de desarrollo en los próximos trimestres, el panorama se convierte en desolador.

En el corto plazo, esta disrupción producirá un daño significativo en aquellas actividades caracterizadas por recibir grandes o continuos flujos de público: restaurantes, bares, cafeterías, discotecas, gimnasios, hoteles, teatros, cines, galerías de arte, centros comerciales, mercados artesanales, museos, conciertos, espectáculos deportivos, conferencias y congresos, líneas de cruceros, líneas aéreas, transporte público, escuelas privadas y centros de cuidado de día.

Desde el punto de vista industrial, evidentemente todos los sectores han resultado impactados, aunque los más afectados, en los que se perciben las consecuencias más severas, destacan:

– Turismo: Profundos efectos por las olas de cierre de actividad (cierres en París, Roma, Madrid, San Francisco, New York); el turismo ha disminuido el 50% en Vietnam, a pesar de que no se han registrado mayores contagios locales. La recuperación será lenta y la próxima temporada podrían surgir nuevamente brotes del virus lo que dañaría la demanda.

– Líneas aéreas: Las reservas de vuelos han disminuido el 40% para los meses de marzo y abril, con grave impacto en los vuelos internacionales. Aeropuertos sin actividad en prácticamente todos los continentes. La posible pérdida de la próxima temporada de verano adquiere una elevada probabilidad. Si bien la recuperación de los vuelos domésticos puede ser más rápida (6 meses) para los vuelos internacionales se requerirá el doble (12 meses).

– Petróleo y gas: La caída en los precios del petróleo responde al impacto de la disminución de la demanda a largo plazo y al exceso de oferta a corto plazo. La recuperación de los niveles de precios anteriores a las turbulencias provocadas por la pandemia podría requerir algo más de un año. Mientras tanto el mercado se caracterizará por una elevada volatilidad de precios.

– Automóviles: La caída de la demanda en China, las disputas arancelarias, la disrupción en la cadena de suministros, con el consecuente impacto en la cadena de producción en China, resto de Asia y la Unión Europea, requiere de una capacidad adaptativa y de reacción significativa para las marcas del sector.

– Productos de consumo: Se pronostica un declive moderado en el consumo privado y en los servicios de exportación. Demanda para ciertas categorías (alimentos, limpieza del hogar, higiene personal), aumento de las compras online y demandas negativa localizadas en ciertos productos.

– Electrónica de consumo/semiconductores: Orientación estratégica para diversificar proveedores en forma urgente. Impactos derivados de la ralentización de la cadena de suministros en China provocarán demoras en el desarrollo de 5G. La recuperación variará según subsectores, aunque en el sector de semiconductores la reactivación será rápida.

Podemos imaginar que el futuro, superada la crisis, planteará nuevas reglas de juego, con profundas consecuencias. Sin embargo, la disrupción de muchísimas empresas y la pérdida de puestos de trabajo y de sustento resultará imposible de gestionar. Por lo tanto, para muchos la pérdida de estilo de vida podría resultar ineludible por un largo periodo de tiempo. Viviremos épocas de ¨inconveniencia existencial¨.

¨Para sentirme segura estoy disminuyendo significativamente ir a las tiendas a comprar los suministros. Puedo hacerlo desde casa y evitar así el indeseado contacto con la gente¨. The Economist, 14 de Marzo, 2020

Comenzaremos a vivir en un periodo de tiempo en dónde habrá más preguntas que respuestas, un tiempo caracterizado por incertidumbre sobre nuestra seguridad, sobre nuestra salud y sobre el mundo que nos rodea. Cuando la estabilidad y la claridad resultan difíciles de encontrar es importante saber en quién o en qué se puede confiar.

La confianza es un bien de lujo y hasta que haya certezas y se garantice la seguridad total frente a esta pandemia, nadie va a poder estimular el consumo. Por lo tanto, ¿cómo podremos vivir en este nuevo mundo? Parte de la respuesta, esperemos, será disponiendo de un mejor sistema de cuidado de salud, con unidades responsables de pandemias que puedan actuar ágilmente para identificar y contener los brotes antes que se difuminen, y la habilidad para rápidamente impulsar la producción de equipos médicos, kits de prueba, y medicamentos. Algunos llegarán tarde para frenar el COVID-19, pero ayudarán en las olas futuras de la pandemia.

¿Cómo podría verse afectada la dinámica del mercado por los efectos del coronavirus?

– La recesión económica seguramente provocará pérdida del poder adquisitivo de las familias y del consumo de numerosas categorías y sub-categorías.
– En la última recesión las inversiones en comunicación se trasladaron a buscadores de pago, aunque los genuinos jugadores online como Facebook o Google en el escenario actual resultan vulnerables
– La comercialización de productos de consumo (FMCG) en Tmail y Amazon han explosionado. Las marcas con presencia online se convertirán en más importantes para los clientes, lo que aumentará la relevancia del Directo a Consumidor (DAC) o de ofertas de suscripción.
– Los consumidores están ajustándose a vivir una ¨nueva normalidad¨. Requiere una reformulación profunda del modo de vida y adquirir nuevos hábitos de compra que podrían convertirse en permanentes cambios de comportamiento ex post crisis. Nos enfrentamos a un nuevo paradigma, quizás transformador.

Una serie de tendencias de nuevas demandas ya pueden ser percibidas, entre ellas destacan:

– En primer lugar, la necesidad de crear nuevas condiciones de higiene, salud, seguridad alimentaria y seguridad sanitaria.
– Además, se puede intuir un nuevo modelo mental de prevención, que orientarán a la demanda y desarrollo de prácticas de actividades seguras, en entornos seguros (participar vs evitar). En China se documentan numerosos casos de agorafobia luego de superar la cuarentena.
– Reducir contactos personales: evitar colas o aglomeraciones (aeropuertos).
– Aumentar las acciones contra el comercio ilegal de vida silvestre de animales exóticos, y la retirada de la vida silvestre de mamíferos y quizás de ciertas aves de los mercadillos.
– Desarrollar nuevos productos para obtener la estima y satisfacción en consumidores estresados.
– Innovación creativa para el desarrollo de nuevos productos que competirán en un entorno más controlado, más regulado.
– Auspiciar el teletrabajo, redefiniendo los procesos para estimular el ritmo de la creatividad e innovación teniendo en cuenta que la disminución del contacto personal podría inhibirlo.
– Impulsar las comunicaciones a través de redes sociales.
– Por primera vez se ha producido una ansiedad global para comunicarse a través de las redes sociales
– Nuevos tipos de liderazgo, tanto en lo político, como en lo empresarial, en lo gubernamental y en instituciones de servicio sin fines de lucro.

Es probable que los restaurantes, cines y teatros e incluso los aviones tengan que eliminar la mitad de sus asientos disponibles para garantizar mayor distancia social entre los pasajeros. Evidentemente se producirá un impacto en la capacidad total de los aviones y en los precios de los pasajes aéreos. La cuestión es, ¿podrán sobrevivir en este escenario las líneas de bajo coste con su modelo actual de negocio? ¿Los restaurantes, teatros y cines deberán reconsiderar su EBITDA (Beneficios Antes de Intereses, Impuestos, Depreciación y Amortizaciones) como irónicamente han hecho circular en las redes sociales dentro del mundo financiero americano? Han propuesto sustituirlo por EBITDAC (Beneficios Antes de Intereses, Impuestos, Depreciación, Amortizaciones y Coronavirus).

Las empresas podrían reconsiderar e incrementar la aceptación del trabajo en remoto (teletrabajo). Implicaría mayor flexibilidad para los empleados y menor congestión en las ciudades, además de ahorro de costes en oficinas para los empleadores.  El Silicon Valley ha adoptado el teletrabajo al 100%, y las redes sociales han funcionado como nunca. Durante los primeros 11 días de marzo se han dedicado 5.500 millones de minutos a reuniones virtuales (solo en Webex) evidenciando que la red tiene una resistencia formidable.

Las Universidades y empresas en el mundo entero se han movido rápidamente hacia el trabajo y la enseñanza a distancia por lo que queda del presente año académico. A pesar de la disrupción, este movimiento se observa como una gran oportunidad para impulsar la educación a distancia. Algunas empresas tienen la esperanza de que esta nueva modalidad oriente a un cambio persistente.

Los residentes hacen ejercicio en sus balcones siguiendo las instrucciones de los entrenadores en Nantes, ya que se impone el confinamiento en los hogares para reducir la tasa de propagación de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) en Francia.

Acción de las marcas y de los distribuidores 

Las marcas y los distribuidores cumplirán un papel importante en la reducción de la ansiedad de los consumidores mientras se acostumbran a las nuevas rutinas, y quizás a nuevas olas de contagio con sus consiguientes crisis.

Algunas buenas prácticas podrían incluir los siguientes ¨imprescindibles¨:

– Inspirarse en la solidaridad y ayudar a resolver secuelas de la crisis encontrando vías para ampliar la seguridad de los consumidores,
– Incrementar recursos para la planificación de la demanda y la cadena de suministro,
– Posicionar aquellas referencias de caprichos diarios como ¨antídotos para la realidad¨, especialmente aquellas de lujo diario como bebidas refrescantes premium, snacks y productos de confitería a medida que los niveles de estrés y de aburrimiento se incrementan,
– Ayudar a los consumidores a reencontrarse con los beneficios básicos previamente reconocidos,
– Actuar como una marca humana, confiable y transparente,
– Prepararse para adaptar los mensajes de marketing y el enfoque de distribución más allá de los canales físicos tradicionales y volcarse en lo digital, particularmente en las redes sociales que pueden utilizarse como ¨puente y lugar de encuentro¨.

Adicionalmente,

– el cierre de la actividad causada por el COVID-19 propicia la ocasión para que las marcas construyan relaciones duraderas con los clientes, para ello la comunicación debe ser positiva. Las redes sociales son adecuadas plataformas para lograrlo,
– solo el 50% de los consumidores documentan estar suficientemente informados sobre los pasos recomendados para mantenerse sanos ante la pandemia. Brinda la oportunidad de incorporar valor mediante el diseño y buena ejecución de fuentes de información solventes,
– los mensajes del pasado no necesariamente deberían ser abandonados, más bien deberían ser reformulados para el nuevo escenario. Sin embargo, el mensaje es el primer paso, las marcas deben reaccionar y ser ágiles en sus respuestas,
– alrededor del 80% de los consumidores consideran que las marcas deberían flexibilizar los términos de pago y de servicios sin cargo como respuesta a las dificultades que genera el COVID-19. Por ejemplo, la cadena de suministro de material para oficinas Staples ofrece algunos servicios gratuitos y financiación especial. Algunas cadenas de distribución han puesto en marcha el suministro de pruebas de salud en el punto de venta u ofertas gratuitas de plataformas disponibles para obtener datos médicos y de prevención de la salud. Otras han desarrollado iniciativas solidarias mediante el servicio de aclaración de dudas sobre el COVID-19 mediante asesoría médica y psicológica durante las 24 h del día los 7 días de la semana. Si bien estas iniciativas puede que solo sean aplicables a cierto tipo de marcas, el enfoque en el cliente exige estar muy atentos a las acciones que se consideren relevantes y efectivas para aumentar el compromiso y confianza capaz de perdurar más allá de la finalización de la actual crisis.

Los clientes pondrán más énfasis que nunca en atributos de autenticidad y transparencia. Surge un excelente contexto y un momento ideal para colaborar con instituciones y otras empresas, para desarrollar empatía, ayuda y trasladar la calma y serenidad. Es una oportunidad para presentar a la marca y a los responsables de su gestión colaborando para la seguridad y salud de las familias y de los ciudadanos en sus comunidades.

Si se ejecuta con talento se construirá activo de marca tanto en el corto como en largo plazo. Diseñar e implementar ¨pequeños, pero significativos¨, actos de generosidad debería ser ¨lo que ocupe el espíritu y la mente¨.

Para finalizar …

– la ciudad de Wuhan quedará para siempre señalada por el monumental lío que se inició allí y que tanto va a marcar nuestras vidas. Nowness ha elegido esa ciudad para la última entrega de su serie “Portrait of a Place”, dura 3’30” y, manteniéndose fiel su habitual sentido estético, nos muestra el antes, el durante y el inmediatamente después de la llegada del Covid-19 a esa ciudad,

https://www.nowness.com/series/portrait-of-a-place/wuhan-coronavirus

– Además, dos potentes ejemplos de publicidad para estos tiempos el primero es un muy emotivo spot de Budweiser apelando al sentimiento colectivo utilizando los nombres de sus equipos patrocinados; “One Team” dura 1’15”.

https://www.youtube.com/watch?v=3_t9niMNkdg&feature=youtu.be 

el segundo, con un tono completamente distinto, es una acción de Netflix para evitar que los jóvenes salgan de casa; el vídeo explicativo de “The Spolier” dura 45”.

https://www.youtube.com/watch?v=jOhhsN_Le3E

– Marcas como McDonald’s, Audi, Nike, Coca-Cola y Volkswagen son solo algunos ejemplos que están interpretando el concepto de mantener ¨distancia social¨ con el rediseño de sus logotipos.

https://www.cnn.com/2020/03/26/business/social-distancing-brand-logos-coronavirus/index.html

Confiemos que pronto se pueda empaquetar a este maldito virus, al que aquí en California ya se lo conoce como ¨ángel de la muerte¨, y que es 1.000 millones de veces más pequeño que nuestra masa corporal.

Que la tecnología, el conocimiento científico, los amplios recursos económicos y la cooperación internacional funcionen para que esta batalla acabe en éxito rotundo y rápido.

Querido lector, te deseo lo mejor, a ti, a tu familia y allegados.
Y espero que pronto podamos volver a la normalidad,
los mejores deseos para que te mantengas saludable, y que tengas un seguro avance a lo largo de la crisis económica,
salgamos de esta!

Artista: Chis Beetles

¨Coronavirus: Trata de no llevar tus manos a la cabeza
cuando veas los últimos datos económicos¨