¿Pueden afectar al cerebro las noticias falsas?

El fenómeno de las noticias falsas (fake news) viene de lejos. En el pasado éstas adoptaban la forma de panfletos creados para desprestigiar al adversario político o a través de historias sensacionalistas diseñadas para que se viralizasen a la vieja usanza de la prensa escrita. El reciente surgimiento de información falsa impulsada por las redes sociales está produciendo un problema significativo, iniciando un serio debate y enorme preocupación a nivel internacional.

Plataformas y redes sociales como Facebook o Instagram han recibido fuertes críticas por permitir la difusión de información incorrecta o mal intencionada, debido a que facilitan que numerosos usuarios o bots automáticos posteen artículos que parecen legítimos y que se extienden rápidamente cómo la pólvora, con los consabidos “me gusta” o “compartir”. Facebook ha puesto en marcha nuevas herramientas para impedir que las falsas noticias se viralicen mientras que Twitter está probando nuevos sistemas que permitirán a los usuarios denunciar información falsa, malintencionada o peligrosa.

Recientes estudios han documentado que la limitación del cerebro humano también es un problema. Cuando las personas se sienten saturadas con nueva información tienden a confiar en mecanismos poco ideales para distinguir lo bueno de lo malo, y finalizan privilegiando lo popular sobre la calidad. Esta es una combinación letal producida por la saturación de información y la menor capacidad de atención, que hace que las noticias falsas se reproduzcan tan efectivamente.

Comparados con otros animales, los seres humanos venimos equipados con escasos conocimientos para navegar por el mundo que nos rodea. Por el contrario, tenemos una capacidad remarcable para aprender de otras personas y así alcanzar una comprensión de ese mundo. Ello nos permite adaptarnos a la información disponible de nuestro entorno. Esta tarea es tan compleja que destinamos las primeras décadas de la vida a aprender las formas para conducirnos por el mundo antes de alcanzar la libertad para poder realizar nuestras propias improntas y contribuciones.

Para aprender lo máximo posible de las personas que nos rodean asumimos que mucho de lo que oímos es verdadero. De esta forma, podemos confiar y poner en remojo nuestro conocimiento surgido de todas las experiencias de la forma más eficiente posible. Esta postura generalmente es muy útil debido a que la mayoría de las cosas a las que nos exponemos son verdaderas. Sería imposible comunicarnos con los demás si constantemente tuviéramos que verificar los hechos más mundanos.

Por supuesto, no siempre se confía en todos. Estudios demuestran que incluso los niños pequeños aprenden quién constituye una fuente de información creíble o confiable. Los niños prestan menor atención a aquellas personas que en el pasado les hubieran suministrado información incorrecta que a aquellas cuya información haya sido valiosa o pertinente. Los adultos también aprenden que hay ciertas personas cuyas ideas deben ser desconsideradas.

Esta capacidad de aprender de los demás es la que hace que la prevalencia de las noticias falsas sea tan peligrosa. Las noticias falsas se envuelven en una cierta verdad. Las webs que promueven historias falsas lucen similares a aquellas de las más prestigiosas organizaciones. Como resultado, las personas consideran la información que presentan como rigurosa, al menos en el inicio.

Aquí es donde radica el problema. Una vez que la noticia falsa ha penetrado en el cerebro se producen dos efectos.

Muchas noticas falsas producen una respuesta emocional. Hacen que nos sintamos enfadados o disgustados. Por ejemplo, durante el último proceso electoral seguramente escuchó alguna noticia falsa sobre un candidato particular. Luego, cuando reflexionó sobre ese candidato puede que haya seguido sintiéndose enfadado o disgustado al darse cuenta que la fuente originaria de esos sentimientos provenía de una historia falseada. Este sentimiento enfermizo afecta luego las formas de interpretación de otras acciones que ese candidato pueda proponer, debido a los sentimientos negativos que fueron engendrados por la falsa noticia.

Además, las investigaciones sobre la influencia continuada sugieren que una vez que la noticia falsa ingresa en el cerebro, continúa afectando a las creencias, ideas y acciones, aún después que se haya descubierto la mentira o la trampa. El cerebro carece de mecanismos que permitan borrar la noticia que se haya escuchado. Por el contrario, la noticia falsa se recordará automáticamente cuando se piense sobre algún otro aspecto relacionado.

Uno puede reconocer que cierta historia es falsa, pero habrá que recurrir tanto a ese relato como al conocimiento adicional de su falsedad. Es algo más complicado que sólo recordar el hecho. Este dilema se agrava por el esfuerzo requerido para eliminar una historia que se ha reconocido como falsa. Requiere trabajo descubrir que una historia falsa altera las opiniones, y que adicionalmente hay que realizar todo un proceso correctivo.

¿Cómo el cerebro puede ser jaqueado por las noticias falsas?

El cambio tiene su raíz en el receso reptiliano del cerebro, donde las reacciones son profundamente instintivas. En otras palabras, luego de digerir la mentira o la trampa, el receptor tendrá control prácticamente nulo sobre sus respuestas emocionales. Debido a que la mayoría de las falsas noticias se basan en teorías de la conspiración o en mitos sobre el estado de salud, la observación sobre el cerebro se plantea como muy interesante.

Recientemente, tres mujeres voluntarias (Rachel, Allison y Sharon) participaron en el estudio que empleó QEEGs (electroencefalograma cuantitativo). Se usaron 19 electrodos para medir las señales eléctricas en el cerebro. Estas señales se envían y se procesan en un programa informático que compara los datos con los de un grupo de edad, sexo y estado de salud similar. Hay miles de estudios disponibles de QEEGs para diversos indicadores clínicos, incluyendo falta de memoria, ansiedad, depresión y traumatismo cranial.

Cada participante realizó tres QEEGs: (1) con los ojos cerrados, (2) inmediatamente de leer una noticia falsa, ojos cerrados y pensando en ella, (3) inmediatamente de leer una noticia falsa, ojos cerrados y pensando en ella. Se guardó un espacio de 15 minutos de ¨silencio¨ entre las lecturas de los dos artículos falsos. Luego se las entrevistó para determinar las reacciones emocionales con respecto a cada uno de los artículos. Por último, se compararon los QEEGs de cada una de las voluntarias con los de la base de datos. Los resultados mostraron diferencias claramente atribuibles al impacto de las noticias falsas en valores e ideales.

Los artículos de ficción reprodujeron la noticia falsa para afectar conceptos liberales y referida a que un reconocido científico estudioso del cambio climático había sido ilegalmente encarcelado, mientras que la segunda falsedad para afectar a principios conservadores comentaba que túneles en la frontera de Estados Unidos con México habían permitido acceder ilegalmente al país a miles de inmigrantes.

RACHEL

Lágrimas cuando se describió el artículo del científico encarcelado.

Diferencias entre la base de datos y la lectura falsa sobre la prisión del científico del cambio climático.

Activación frontal derecha (ansiedad, miedo), desactivación frontal izquierda (tristeza).

ALLISON

El rojo en la parte posterior indica que piensa en el artículo del científico pero  sin respuesta emocional significativa.

Activación frontal derecha (ansiedad, temor), desactivación frontal izquierda (tristeza). Artículo sobre inmigración ilegal.

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SHARON

El frontal izquierdo (azul) se asocia a baja actividad y a mayor sentimiento de tristeza. Artículo sobre  inmigración ilegal.

Activación del hemisferio derecho. Artículo sobre el cambio climático.

Simplificar las complejas dinámicas sociales como consecuencia del alud de narrativas falsas podría resultar erróneo. Son diversos los factores que contribuyen a su difusión y las redes sociales las afectan significativamente.

En síntesis, se puede asumir que frenar las noticias falsas es una tarea que comienza en el propio lector, en uno mismo como receptor. Habría que leer y analizar cuidadosamente todo aquello que luego se comparte online, evitar a los que promueven en las redes sociales cámaras de eco poco confiables, y desmarcarse de la idea de que todo es verdadero, aun cuando las fuentes aparentaran ser confiables. También, debería tenerse en cuenta que las demás personas, incluso los buenos amigos, podrían estar condicionados emocionalmente, más que guiados por la objetividad y la fiabilidad.

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El Autor

Roberto Álvarez del Blanco

Es una de las principales autorida- des internacionales en marketing y estrategia de marca. Profesor del IE Business School.

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