Efecto Mozart

 



Se suele comentar sobre personas que tienen buen oído musical o que carecen totalmente de él. Un buen oído significa, como principio, tener una buena percepción de tono y ritmo. Mozart tuvo un excelso “oído” y, por supuesto se convirtió en un artista sublime. Se asume que todo músico debe tener un “oído” decente, aunque no sea del calibre de Mozart. Pero ¿es un buen “oído” suficiente? Además, ¿puede una exposición a la música clásica (incluso breve) estimular y aumentar las capacidades matemáticas, verbales y viso espaciales?

A principios de la década de 1990, Frances Rauscher y un grupo de científicos de la Universidad de California, Irvine, diseñaron una serie de estudios para observar si escuchar con buen oído musical puede modificar poderes cognitivos no musicales. Publicaron una serie de rigurosos artículos en los cuales documentaban que escuchando a Mozart (en comparación a música relajante o espacios silenciosos) se aumentaba temporalmente el razonamiento
espacial abstracto. El “efecto Mozart”, como ha sido denominado, no sólo generó una importante controversia científica, sino un interés mediático inusitado.

El experimento demostró que una breve exposición de 10 minutos a una sonata de piano de Mozart (Sonata para dos pianos en D mayor K. 448) produce un incremento momentáneo en las puntuaciones de razonamiento espacial, equivalentes a 8-9 puntos de coeficiente intelectual (IQ) en la Escala de Inteligencia Stanford-Binet. Los efectos, sin embargo están limitados a tareas espaciales temporales, que involucran imaginería mental y orden temporal.

Algunos estudios plantean que ampliando el tiempo de exposición a más de 15 minutos para maximizar el efecto se pueden modificar otras variables de inteligencia, como el razonamiento verbal, el razonamiento cuantitativo y la memoria de corto plazo.

Música poco sofisticada o demasiado repetitiva puede interferir, más que aumentar, el razonamiento abstracto. La exposición a composiciones musicales elaboradas o complejas activan áreas corticales, similares a las que se utilizan para el razonamiento espacial temporal, por lo que la performance en tareas
espaciales temporales se afecta positivamente por la música .

– La música divertida produce felicidad, entusiasmo; la música triste produce angustia, tormento.

– La exposición a música “movida” tiende a incrementar el ritmo cardíaco y la presión sistólica de la sangre; la música “depresiva” produce el efecto contrario.

– La exposición a música “divertida” mejora la velocidad y persistencia para la realización de diversas tareas. Contrario censo, estados de malhumor o aburrimiento se asocian con bajo rendimiento en una serie de tareas perceptivas, cognitivas y motoras.

– Las emociones negativas disminuyen la eficiencia en el proceso de información, relativas a estados afectivos positivos, causando restricción en aprendizaje y performance.

– La intensidad de la música afecta al entusiasmo y al humor, según se evidencia por reacciones galvánicas de la piel, ritmo cardíaco, pulso en los dedos y frecuencia respiratoria.

– La música clásica ha probado ser efectiva para disminuir el vandalismo en parques públicos, tiendas de 24 horas, aparcamientos y metro en Canadá.

– Datos obtenidos en el metro de Londres indican que cuando la música clásica era emitida por los altavoces en los trenes los robos disminuían el 33 por ciento, los asaltos al personal el 25 por ciento y el vandalismo a los trenes y estaciones el 37 por ciento.

Para escuchar la Sonata para dos pianos en D mayor K. 448 de Mozart:


Una respuesta a Efecto Mozart

  • desarrollo bebes:

    Mi hijo también ha experimentado algunos cambios al ponerle este tipo de música, lo veo más tranquilo y no llora tanto como antes, muy buen artículo

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El Autor

Roberto Álvarez del Blanco

Es una de las principales autorida- des internacionales en marketing y estrategia de marca. Profesor del IE Business School.

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