Investigación

 

Respuesta del cerebro a las cosas buenas que le suceden a los demás

Picture1La forma en que nuestro cerebro responde a todo lo positivo que le sucede a las personas que nos rodean depende del nivel de empatía. En concreto, una invetigación desarrollada en el University College of London (UCL) muestra como una parte del cerebro denominada “corteza cingulada anterior” (ACC en sus siglas en inglés) parece particularmente atenta a las buenas noticias de las otras personas, pero su respuesta varía sustancialmente dependiente de los niveles de empatía. Es decir, personas que son consideradas como altamente empáticas la “corteza cingulada anterior” respondería sólo con lo bueno que le sucediera a la otra persona. Sin embargo, en el caso del individuo con niveles bajos de empatía, la ACC también reaccionaría a las malas noticias que pudieran afectarle.

Para alcanzar estas conclusions los investigadores escanearon los cerebros de 30 voluntarios, de una edad comprendida entre los 19 y 32 años utilizando imágenes de resonancia magnética functional mientras miraban símbolos que predecían cómo ellos u otra persona iba a ganar dinero. Los participantes también completaban un cuestionario que evaluaba el nivel de empatía una semana antes de que sometieran a la resonancia magnética funcional.

El estudio ha demostrado que la “corteza cingulada anterior” (ACC) se activaba en todos los voluntarios cuando alguien estaba próximo a ganar dinero. Sin embargo, se documentaban diferencias en la forma en que esta parte del cerebro se había especializado en sus reacciones, que parecían relacionadas con el nivel de empatía de los participantes.

Las personas cuya activacion del ACC era la más especializada respecto de otras personas mostraron una respuesta sólamente cuando las otras personas estaban muy próximas a lograr un beneficio. Estos voluntarios habían sido evaludados como altamente empáticos. Sin embargo, en caso opuesto esta área del cerebro se activaba cuando estaban próximos a ser ellos quienes ganaban dinero. Estas personas habían sido clasificadas como poco empáticas.

Los hallazgos permiten iluminar futuras investigaciones que podrán determinar si este grado de especialización también está presente en otros atributos junto a la empatía, como la competitividad de las personas.

Sincronización de neuronas

Picture2Científicos han descubierto un nuevo “interruptor” molecular que controla las propiedades de un tipo específico de neuronas para sintonizarlas con los cambios de actividades que se producen en la red neuronal a la que pertenecen.

Se trata de las inter-neuronas de disparo rápido, un tipo de neuronas de la corteza cerebral que funcionan como directores de orquesta, dirigiendo y sincronizando la actividad del resto de las neuronas de la corteza cerebral, la capa exterior del cerebro encargada de la cognición, el lenguaje y la memoria.

El descubrimiento documenta que las neuronas de disparo rápido pueden adaptar sus propiedades para dar respuesta a los cambios que se producen en la red neuronal en la que están integradas, lo que ocurre, por ejemplo, cuando aprendemos una actividad motora.

Con frecuencia, los ordenadores se usan como una metáfora del cerebro, dónde las placas de la memoria y los microprocesadores se usan como representaciones de los circuitos neuronales y las neuronas, respectivamente. Sin embargo, el cerebro es un sistema dinámico que se organiza por sí mismo y que cambia constantemente y de manera muy distinta a la de los ordenadores.

Así, mientras que en los ordenadores los microprocesadores siempre cumplen la misma función para la que han sido producidos, en el cerebro, algunas neuronas (los microprocesadores) pueden cambiar sus propiedades de forma dinámica. Durante el estudio, los científicos analizaron lo que, en apariencia, parecían dos tipos de inter-neuronas de disparo rápido para llegar a la conclusión de que en realidad era sólo uno, pero con la capacidad de oscilar entre dos estados base diferentes.

Además, identificaron el factor molecular responsable de ajustar las propiedades de esas neuronas, se trata de un factor de transcripción (una proteína capaz de influir en la expresión genética) conocido como Er81. Este hallazgo, proporciona una explicación mecanicista del papel que juega la actividad cerebral en la regulación de las propiedades de las inter-neuronas. Los resultados de la investigación apoyan la idea de que la actividad desempeña un papel importante en la especificación de las propiedades neuronales, las cuáles se adaptan en respuesta a las influencias internas y externas para codificar información.

Esto significa que nuestro hardware puede ajustar, al menos hasta cierto punto, su funcionamiento, algo así como si cada una de estas inter-neuronas fueran dos microprocesadores en uno. La comprensión de los mecanismos dinámicos que llevan a la aparición de las funciones cerebrales a través del desarrollo y la constante remodelación de los circuitos neuronales, así como las limitaciones que las enfermedades y envejecimiento imponen a esa plasticidad multimodal tiene importantes implicaciones más allá de la neurociencia fundamental; desde políticas educativas, decisiones de compra, a la reparación del cerebro.

La investigación, publicada en la revista Science, ha sido realizada por el británico Center for Development Neurobiology del King College de Londres y del Instituto de Neurociencias de Alicante (Centro mixto del CSIC y la Universidad Miguel Hernández).

Recordar nombres personales

Picture1En un estudio realizado en el año 2008, investigadores de la Universidad Emory investigaron interesantes y nuevas estrategias para recordar rostros-nombres; la habilidad para recordar los nombres personales. En tres sesiones, se procuró mejorar la recordación de rostros-nombres en adultos con deterioro cognitivo leve (estado intermedio entre el envejecimiento y síntomas tempranos de Alzheimer) caracterizado por la disminución de habilidades cognitivas, como la memoria y el razonamiento.

El recuerdo de rostros-nombres interesa a los investigadores debido a que los pacientes de Alzheimer demuestran un menor resultado promedio en esta capacidad. Más importante, aún, la recordación rostro-nombre se asocia con la habilidades de la memoria explícita, que se desarrolla en las áreas del cerebro que suelen ser las más afectadas por esta enfermedad.

La memoria explícita consiste en la recordación consciente de hechos y acontecimientos específicos, en contraposición a la subconsciente memoria implícita. Recordar una lección o un conocimiento aprendido involucra a la memoria explícita, mientras que recordar en términos generales, como conducirse rutinariamente en la vida, descansa en la memoria implícita.

Los investigadores reclutaron ocho adultos con deterioro cognitivo leve que demostraron estar capacitados para desarrollar con toda normalidad las actividades básicas de la vida cotidiana. Aunque sus cualidades cognitivas estaban desmejoradas, esta dolencia no interfería en la normalildad de sus vidas. Los participantes realizaron un simple test de recordación de rostros-nombres para poder conocer sus habilidades. Luego de observar una lista de 90 rostros y sus nombres respectivos, los participantes cumplimentaron un cuestionario de respuestas múltiples identificando a las personas que habian visto.

En tres sesiones posteriores, cada participante fue asesorado para utilizar dos estrategias de memorización sobre 45 pares de rostros-nombres del listado. Los participantes buscaron alguna característica especial y una asociación verbal, cómo otorgar a cada persona un mote original y de fácil recordación. Esta estrategia se inspiró en un programa de memorización publicado en 2007 utilizado en diversos estudios, conocido como EON-Mem (Ecología de Neurorehabilitación Orientada a la Memoria).

Pasado un mes de la prueba, los participantes fueron nuevamente investigados sobre la lista inicial de los 90 pares de rostros-nombres, aunque durante el entrenamiento habían visto sólo la mitad de los nombres. Los participantes mejoraron su acierto para los 45 pares de nombres entre el 27% y el 69% luego de tres sesiones. Pero lo más importante fué que, además, mejoraron la recordación para los nombres que no habian visto en el entrenamiento.

El aumento de la recordación no fué el único beneficio observado. Los participantes fueron, también, capaces de responder más rápidamente y con mayor seguridad sobre las alternativas.

Todo indicaría que asociar una característica particular al rostro, o bien otorgar un mote original y fácilmente recordable hará más familiar el rostro, y recordable el nombre.

Neuroplasticidad: cómo el cerebro es capaz de cambiar

Picture3Los científicos han asumido históricamente que cuando una persona se convierte en adulta, sus capacidades cognitivas se vuelven inmutables. Sin embargo, a inicios de siglo pasado, esta teoría fue cuestionada al descubrirse que las capacidades del cerebro son maleables y plásticas. Según este principio de neuroplasticidad, el cerebro está cambiando constantemente como respuesta a las distintas experiencias. Nuevos comportamientos, nuevos aprendizajes e incluso cambios ambientales, o daños físicos pueden estimular el cerebro para crear nuevas conexiones o reorganizar las existentes, fundamentalmente alterando la forma de procesar la información.

Uno de los más interesantes ejemplos de neuroplasticidad surgió como resultado de una investigación sobre el cerebro -realizada en el 2000- a un grupo de taxistas de Londres. Para obtener la licencia que los acredita como tales, los taxistas en Londres generalmente deben dedicar hasta dos años de aprendizaje para poder manejarse con soltura en las intrincadas calles de la ciudad. ¿Qué es lo que éste período de riguroso aprendizaje produce en el cerebro de los taxistas?

Dieciseis taxistas (hombres) fueron analizados con resonancia magnética funcional descubriéndose que tenían un hipocampo más grande que el del grupo de control integrado por otros 50 hombres. Además, a medida que mayor era la dedicación al trabajo de taxista, mayor era el tamaño del hipocampo. Como área involucrada en la memoria y en la navegacion, el hipocampo parece modificase cómo respuesta a las experiencias de los taxistas.

Estos hallazgos han inspirado a los científicos a dar los próximos y lógicos pasos: en lugar de esperar pasivamente a observar cómo el cerebro puede responder a ciertas circunstancias, es intersante investigar la capacidad de cambio, en función de la mejora en determinadas capacidades.

Autocontrol del cerebro

Picture2El cerebro requiere enormes cantidades de energía, y nuevos experimentos demuestran que los bajos niveles de glucosa y el auto control están estrechamente vinculados. Es sabido que el cerebro es una entidad biológica que se compone de sangre y víscera, y requiere un alto suministro energético. De hecho, el cerebro consume, aproximadamente, el 25% de la glucosa en circulación, a pesar de que sólo constituye el 3% del peso corporal.

Cuando se formaliza un comportamiento particular, el índice de consumo de glucosa sube en la región pertinente del cerebro. Si, por ejemplo, escuchas música, la corteza auditiva eleva el índice metabólico. Cuando se aprende algo nuevo, el hipocampo se activa. El baile “enciende” la corteza motora. Y, cuando se despliega fuerza de voluntad o el pensamiento de “no debo hacerlo, debo evitar hacerlo o me arrepentiré”, es la corteza frontal la que entra en funcionamiento.

Supongamos que una parte del trabajo de investigación presupone activar significativamente la corteza frontal mediante el recitado rápido en sentido inverso de los meses del año, impidiendo la tentación de hacerlo en la forma habitual con la que estamos tan familiarizados. Cuando se aumenta, como en este caso, el esfuerzo mental en la memoria de trabajo de la corteza frontal, la persona tendrá menos auto control en las tareas sucesivas, igual que cuando a un músculo que ha sido ejercitado en exceso se le exige dar el siguiente “paso”.

Más aún, durante la tarea de excesivo auto control, el nivel circulatorio de glucosa disminuye rápidamente, consumido por el esfuerzo de las neuronas frontales. Y notablemente, el auto control aumenta si la persona sorbe bebidas azucaradas durante la tarea (comparado con individuos que consumen bebidas sin azúcar).

Por lo tanto, si auto controlarse requiere energía (y consecuentemente glucosa) podría analizarse el cerebro para trazar los impulsos agresivos y su posible comprobación y control.

Un reciente experimento ha utilizado a parejas de recién casados a los que se les analizó su nivel de azúcar en sangre diariamente durante varias semanas. Cada tarde los participantes en el experimento cuantificaban el nivel de disgusto que pudieran sentir hacia su pareja. Las personas indicaban este nivel de desacuerdo con alfileres que ponían en un muñeco voodoo, que representaba su pareja. Esta técnica poco ortodoxa de investigación demostró que, cuando los niveles de azúcar en sangre eran bajos, las personas tendían a colocar más alfileres en el muñeco.

¿Se traslada esta relación entre niveles de glucosa y los impulsos agresivos entre comportamientos interpersonales? Las parejas se localizaron en distintas habitaciones mientras participaban en un juego competitivo en los ordenadores que al finalizar “castigaba” al perdedor con un sonido bastante desagradable. Los participantes decidían el nivel del volumen del sonido que su pareja debería soportar (hasta un máximo de 150 decibelios). Una vez más, a menor nivel de glucosa en sangre, mayor el volumen y la duración del sonido que le infligían a su pareja.

De estos resultados pueden obtenerse varias conclusiones. En primer lugar, antes de una discusión, las parejas deberían consumir una tableta de chocolate y así potencialmente reducir tensiones. En segundo lugar, el efecto que produce el bajo nivel de glucosa en sangre sobre la fuerza de voluntad y enjuiciamiento adquiere significado sobre como también el estrés produce los mismos malos efectos para los comportamientos violentos. Quizás la lección principal es que habría que siempre considerar lo que somos y hacemos en el contexto biológico de lo que sucede en nuestro interior.

Cerebros infantiles prodigiosos

Picture1 A la edad de 3 años, una niña prodigio comenzó a componer música. A los 6 años, ya había tocado en la Casa Blanca y realizado giras artísticas internacionales. ¿Qué hace distintos a los niños prodigio de los demás? Una investigación realizada en la Universidad de Yale y de Ohio analizó a siete niños prodigio con la intención de descubrir las raíces de sus talentos. Todos tenían algo en común: los siete mostraron una capacidad extraordinaria en su memoria de trabajo, una habilidad cognitiva que cada persona utiliza a diario. Los niños prodigio son aquellos que logran el extraordinario nivel profesional en un determinado campo a una edad sorprendente temprana.

Los intentos anteriores para descubrir las raíces del talento en los niños prodigio propusieron varios posibles factores: inteligencia general, capacidad de la memoria de trabajo, habilidad visual, cantidad de tiempo dedicado al entrenamiento de sus capacidades, y autismo, entre otros. En este estudio reciente, para investigar cada uno de los factores anteriores, los siete niños prodigio realizaron una prueba completa de inteligencia, de memoria de trabajo y de habilidad visual. Asimismo, se desarrolló un análisis de autismo y de su estilo de vida histórico y de los antecedentes familiares.

Independientemente del rendimiento en las distintas variables de análisis, todos los prodigios lograron un nivel de 99 percentiles en su habilidad de memoria de trabajo, o en la capacidad de guardar y manipular múltiples piezas informativas en la mente. Utilizada en la vida diaria para enfrentar múltiples actividades o para mantenerla en reserva ante interrupciones, el rendimiento de la memoria de trabajo ha demostrado ser la variable excepcional para cada niño prodigio bajo observación.

Los niños prodigio demostraron distintos niveles en las diversas mediciones. El promedio general del coeficiente de inteligencia (IQ) varió desde 108 a 142 puntos (cuando el promedio general de las personas es de 100). Los dos prodigios con las menores puntuaciones estuvieron entre los 70 y 79 percentiles. Como todos los prodigios son inteligentes, los científicos concluyeron que estos extremos de coeficiente de inteligencia no eran determinantes.

Los prodigios también fallaron al tener que desplegar altas habilidades visuales, y ninguno de ellos había entrenado sus habilidades por más de diez años, antes de demostrar un talento extraordinario. Asimismo, a pesar de que mostraron distintos niveles de autismo comparados con los del grupo de control de niños normales, la diferencia no resultó significativa.

Lo que sí ha demostrado claramente el estudio es que la capacidad de la memoria de trabajo puede asociarse con habilidades humanas excepcionales. Este descubrimiento no debería resultar sorprendente. Considerada durante mucho tiempo como una habilidad importante, la memoria de trabajo es también una gran contribuyente a los procesos cognitivos de alto rango, como control de ejecución. En estudios que exploran aspectos como control emocional, ilusiones o aprendizaje, los investigadores continúan incorporando mayor conocimiento de las implicaciones que la memoria de trabajo tiene sobre diversas habilidades personales.

Cómo el cerebro expresa la tristeza

Picture2Científicos de la Universidad de Toronto han descubierto un método de entrenamiento que contribuye a que las personas puedan controlar sus respuestas a la tristeza. Los estudios de resonancia magnética functional (IRMf) han revelado que aquellos que lo han utilizado han respondido de forma diferente a nivel neuronal, demostrando que la neuroplasticidad del cerebro puede aprovecharse en forma positiva.

Una cantidad significativa de estudios han demostrado que a mayor reconocimiento metacognitivo de sus emociones las personas pueden controlarlas de forma más efectiva. La noción metacognitiva puede definirse como la capacidad de pensar sobre el propio pensamiento, reflexionar y tomar conciencia de cuándo se ha sentido enfado, molestia o alegría, considerando racionalmente el propio estado mental.

A partir de este conocimiento, los investigadores han considerado que el entrenamiento de la mente puede ayudar a regular las respuestas emocionales negativas sin comprometer la experiencia total de la emoción. No se refiere a suprimir el sufrimiento emocional, sino más bien a aprender la aceptación serena de toda sensación negativa o positiva, reconociendo que constituyen fluctuaciones totalmente normales. En el pasado, los entrenamientos de la mente han sido efectivos para pacientes que sufren dolores físicos, un hallazgo interesante dado que el sufrimiento físico y emocional comparten áreas en el cerebro.

La investigación fue realizada sobre 36 personas que ya participaban en un programa anti estrés en un centro de salud. Se les solicitó que contestaran a tres preguntas sobre su nivel depresivo, de ansiedad y otros síntomas. Los resultados demostraron cuáles participantes tenían un nivel moderado de depresión, algo sorprendente dado su vínculo a un programa de reducción de estrés.

La mitad de los participantes fueron incorporados a un grupo de control y asistieron a un programa normal de reducción de estrés en un centro de salud por 8 semanas. Los otros participantes asistieron a programas adicionales de entrenamiento personal basados en reposo, descanso, dieta alimenticia o yoga. Asimismo, se les asignaron ejercicios para hacer como deberes mediante ordenador en sus hogares y que enseñaban a prestar atención a los sentimientos y a las sensaciones corporales. Todos los programas de entrenamiento los motivaban a cultivar la aceptación de las experiencias, asumir las dificultades y superar las incomodidades mediante el desarrollo de su reconocimiento metacognitivo.

En reiteradas ocasiones, durante las ocho semanas, los grupos (de control y de entrenamiento) fueron evaluados en términos emocionales. Los estudios se hicieron mediante resonancia magnética funcional (IRMf) y se escanearon los cerebros cuando miraban video clips con imágenes neutrales o entristecidas. Luego se los clasificaba en función de qué nivel de tristeza manifestaban después de observar las imágenes. Al final de las ocho semanas todos los participantes contestaron a las mismas tres preguntas formuladas al inicio de la investigación.

Los participantes de los programas adicionales de entrenamiento demostraron sentimientos significativamente menos depresivos. Aún más, los escáneres de resonancia magnética funcional (IRMf) corroboraron estos sentimientos: los participantes en los programas adicionales mostraban diferente actividad en el cerebro que los integrantes del grupo de control cuando estaban expuestos a las imágenes. Los participantes en los programas adicionales parecían haber modificado la forma en que sus cerebros expresaban la tristeza.

Quizás lo más importante, tanto el grupo de control como el de los participantes en programas adicionales consideraron a las imágenes igual de tristes y lamentables. El entrenamiento no desensibilizaba a los participantes del dolor emocional, simplemente eran mejores para mantener su compostura mental luego del experimento.
Esta investigación abre las puertas a nuevos programas de entrenamiento para futuros trabajos. El control emocional, la depresión y ansiedad son estados que millones de personas experimentan, y el adecuado entrenamiento podría representar un método de intervención simple para tratar un abanico completo de experiencias emocionales.

Otra cara de la resiliencia

 

Picture1Una reciente publicación en The New York Times trata con rigor el tema de la resiliencia infantil. Menciona que las políticas de apoyo al desarrollo infantil se basan en la asunción de que los niños son igualmente influidos por el entorno en el que crecen y se desarrollan, y que las intervenciones positivas como la educación preescolar deberían, por lo tanto, ayudar a todos los niños. La pregunta es si esto es cierto.

La evidencia parece sugerir que algunos niños son, utilizando una metáfora conocida, como orquídeas delicadas. Rápidamente se marchitan si se exponen al estrés y privaciones y florecen si se les cuida y apoya. Otros son más como dientes de león: son resilentes a los efectos negativos de la adversidad, y al mismo tiempo no se benefician particularmente de las experiencias positivas. En este sentido, la resiliencia, lejos de constituir una característica positiva, resulta ser una hoja de doble filo.

¿Qué distingue a los niños (para mejor o peor) de ser más o menos susceptibles al desarrollo experiencial? No habría sólo un factor único, pero la genética parece desempeñar un papel muy relevante.

Cada gen contiene dos alelos heredados, uno del padre y otro de la madre. Hay evidencia científica de que las personas caracterizadas por ciertas variaciones de estos alelos tienen mayor posibilidad de desarrollar trastornos particulares. Por ejemplo, deficiencias en el alelo del gen 5-HTTLPR, que transporta la serotonina, ha sido vinculado a la depresión, mientras que mayor cantidad de alelos del gen receptor de dopamina DRD4 ha sido correlacionado con el trastorno de déficit de atención e hiperactividad. Curiosamente, estos genes de “riesgo” también parecen asociarse con la mayor sensibilidad a las condiciones del entorno. Los niños con uno o ambos genes parecen ser los más adversamente afectados por las experiencias negativas, y parecen beneficiarse más de las vivencias positivas. Los niños que carecen de ellos parecen ser inmunes tanto a los efectos positivos como negativos del entorno.

Siete nuevos estudios suministran fundadas certezas de la susceptibilidad diferencial de los niños con sus entornos, así como el meta análisis de la investigación genética sobre el comportamiento y la efectividad de las intervenciones.

Una investigación se ha centrado en 300 jóvenes afro-americanos de zonas rurales y en sus familias. Todos participaron en un programa caracterizado por seis reuniones semanales consecutivas de grupo. A los padres se les solicitó que suministraran apoyo emocional y a incentivar procesos de decisión responsables. A los jóvenes se les pidió que planificaran su futuro. El programa tuvo éxito en la prevención de uso de drogas durante un período de más de dos años entre los jóvenes provenientes de las familias más problemáticas y conflictivas. Pero sólo si esos jóvenes tenían “superávit” del alelo DRD4 que los investigadores analizaban mediante muestras de saliva.

Otro estudio observó a niños que vivían en un orfanato en Rumanía y que habían sido severamente privados de emociones. El gen transportador de serotonina 5-HTTLPR apareció como crítico para poder comprender por qué sólo algunos niños se beneficiaban cuando se los asignaba aleatoriamente a cuidados temporales de alta calidad. Los niños que portaban menos alelos en el gen y recibieron los cuidados temporales demostraron ser los menos desobedientes y agresivos a la edad de 4-5 años, mientras aquellos que permanecieron en el orfanato sin recibir los cuidados especiales demostraron sus propios comportamientos habituales. Los niños sin variación genética se comportaron normalmente, independientemente de dónde vivieron.

Quizás una investigación más completa es la desarrollada con niños que comenzaron en el parvulario o jardines de infantes y otros en escuelas primarias de grupos de niños blancos de riesgo a los que se les brindaron programas de apoyo social extra por diez años, y que involucró además a padres, maestros y amigos. Los participantes fueron entrevistados cuando cumplieron los 25 años. Aquellos que tenían una variante del gen receptor de glucorticoide NR3C1, que desempeña el papel de cómo nuestro cuerpo responde ante el estrés, demostraron menor comportamiento fisiopatológico (medido por consumo de drogas y otros factores) cuando atendieron el programa, y el mayor comportamiento cuando no habían recibido el apoyo extra. El comportamiento de los niños que tienen otras variantes del mismo gen no resultó afectado por el apoyo extra.

Estos estudios demuestran que los niños desarrollan distintas susceptibilidades ante las influencias del entorno e implican que las inversiones en programas sociales deberían identificar a los niños más susceptibles para lograr mayor eficiencias. Ello obligaría a ir más allá de las investigaciones mono-genéticas, y examinar a múltiples genes simultáneamente, lo que ya se está convirtiendo en posible gracias a los avances en la secuencia del ADN.

Los trabajos de este tipo están revelando que en lugar de pensar sólo en términos de que ciertos niños son susceptibles y otros no lo son tanto, es más riguroso asumir que ciertos niños son muy susceptibles, otros moderadamente susceptibles y otros poco susceptibles. Así, por ejemplo, podríamos imaginar el día en que se obtenga el tipo genético de todos los niños en el colegio para asegurar que aquellos que se beneficiarán más de las ayudas tengan a los mejores y adecuados maestros. No sólo porque mejorarán más, sino porque sufrirán menos por la baja calidad educativa. Los niños menos susceptibles (y más resilientes) lo harán igual de bien, independientemente de los cuidados. Luego de seis o siete años, este enfoque podría aumentar significativamente los resultados de los estudiantes y su calidad de vida.

Ello no implica el abandono de aquellos niños que parezcan menos responsables. Todos merecen una calidad de vida digna, independientemente de los progresos que puedan obtener en el corto y medio plazo. Más aún, los ahorros económicos obtenidos por la buena asignación de recursos podrían invertirse en explorar diferentes y mejores alternativas de intervención. El objetivo final debería ser no sólo ahorrar recursos económicos sino invertirlos más inteligentemente.

Construyen un cerebro artificial que reproduce las funciones cerebrales

Picture2Estudiar el cerebro supone enfrentarse a un complejo sistema de neuronas y miles de millones de conexiones. Muchas veces sólo se puede estudiar en cultivos de un sólo tipo de célula, con lo que pierde el “realismo”, o bien en animales vivos o en ocasiones en seres humanos, con toda las dificultades que eso implica. Un equipo de investigadores de la Universidad de Tufts, en Boston, ha desarrollado un modelo tridimensional vivo que pretende imitar al cortex cerebral de una rata. La imitación está bastante bien lograda. Tiene materia blanca (dentritas o ramas de las neuronas) y gris (somas o cuerpos de las neuronas) compartimentada y diferenciada en zonas. Dá respuestas bioquímicas y fisiológicas a los estímulos y sobrevive en el laboratorio durante más de dos meses.

Está constituído por un armazón poroso rígido de un compuesto similar a la seda en el que se anclan neuronas de la corteza de la rata. Por otro lado, una matríz de gel de colágeno permite que los axones se interconecten y sobrevivan. Además, se han acoplado módulos circulares en anillos concéntricos para simular la formación de capas de neocortex.

Este modelo ofrece una oportunidad única para mapear eventos neurofisiológicos en tiempo real y estudiar la función cerebral en el laboratorio, por lo que se considera que este descubrimiento puede marcar un verdadero hito en el campo de la neurobiología. Por ejemplo, cuando se dejó caer un peso sobre el modelo de tejido para simular una lesión traumática del cerebro, el tejido liberó altos niveles de glutamato, un neurotransmisor emitido por las células trás el daño cerebral.

Es la primera vez que los científicos han podido imitar tan brillantemente las funciones del cerebro en el laboratorio. En la medida que los investigadores puedan replicarlo con neuronas humanas y mejorarlo para reflejar otras funciones neurológicas, podrá usarse para estudiar cómo ciertas enfermedades, traumas o tratamientos médicos afectan al cerebro, sin el coste y desafíos éticos de las pruebas clínicas en individuos.

En términos de similitud mecánica del cerebro, el modelo constituye un buen simil. Es el último ejemplo de la ingeniería biomédica, también utilizado para crear otros modelos reales de órganos cómo el corazón, pulmón e hígado. Sin embargo, hasta hoy ningún sistema había replicado la materia gris o blanca del cerebro, o cómo las neuronas se comunican entre sí.

Los investigadores han estructurado el material sedoso en una especie de rosquilla y le han agregado gel de colágeno al centro. Los axones crecen desde el anillo a través del gel (substituto de la materia blanca) y envian señales a las neuronas a lo largo del círculo. Así se logra que las neuronas “hablen” y se comuniquen entre sí. Añadiendo nutrientes y factores de crecimiento, los científicos mantienen vivo el tejido del tipo cerebral en una incubadora durante dos meses para poder experimentar. Este cerebro artificial reacciona como una esponja, comprimiéndose y expandiéndose parcialmente. Es como un Lego, una estructura modular que puede expandir y hacerse más compleja.

Por primera vez se ha podido demostrar el principio que algo así se puede lograr fuera del cuerpo humano. Los próximos desafíos serán aumentar su ciclo de vida a seis meses con neuronas humanas creadas desde células madre. De esta forma se podrán estudiar otras células y regiones del cerebro. Además, con la posible incorporación de un sistema vascular cerebral, se podrá observar lo que sucede cuando ciertas drogas superan la barrera sanguínea del cerebro. Con seguridad, el modelo de bioingeniería podrá ser usado para estudiar infinidad de aspectos, desde drogas a enfermedades o efectos quirúrgicos de los implantes de electrodos. La lista de usos podrá ser enorme.

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Leer estimula el cerebro

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En una reciente colaboración interdisciplinaria desarrollada en la Universidad de Stanford, neurobiólogos y profesores de literatura investigaron cómo la lectura crítica de una obra literaria puede alterar patrones de activación en el cerebro. Basándose en la obra clásica de Austen «Mansfield Park» se ha podido interpretar cómo las personas perciben el mundo. Desde la evidencia anecdótica, al menos, pareciera que este tipo de lectura crítica de textos requiere de mayor atención que la lectura ocasional o casual.

Para testar las hipótesis teóricas los investigadores del Stanford Center for Cognitive and Neurobiological Imaging utilizaron resonancia magnética funcional para escanear el cerebro de 18 participantes a medida que leían un capítulo del libro de Austen. En primer lugar, a los participantes se les requería leyeran el capítulo informalmente, cómo si lo hicieran para divertirse. Luego, se les solicitaba que realizaran una lectura más rigurosa, realizando el tipo de análisis requerido en un curso de literatura. Para asegurarse que los participantes en el estudio pudieran realizar con éxito estos modos de lectura todos eran doctorandos de literatura.

Los investigadores observaron un cambio significativo en los patrones de la actividad cerebral cuando los doctorandos se trasladaban desde el modo de lectura casual al crítico. La lectura con propósitos analíticos aumentaba el flujo sanguíneo en distintas áreas del cerebro, especialmente en la corteza prefrontal.

La corteza prefrontal desempeña un papel importante en las funciones ejecutivas, referidas a un orden superior de proceso cognitivo que gestiona cómo dividir la atención y coordinación en actividades complejas. Estas funciones ejecutivas explicaron los cambios observados en los cerebros de los participantes en la investigación.

El nuevo campo de «neurociencia literaria» es toda una promesa científica para comprender como la lectura puede modelar y modificar lo cognitivo. Aunque sea prematuro aún comprender exactamente cual es el futuro de este conocimiento, puede inferirse que la lectura crítica podría verse próximamente como una herramienta valiosa para «enseñar a modular la concentración humana».

El coeficiente intelectual elevado puede derivarse del proceso informativo

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Si se pudiera predecir quién tiene el coeficiente intelectual más elevado habría que correlacionarlo con la capacidad de procesar información relevante, al mismo tiempo que la habilidad para desechar o ignorar la intrascendente. Numerosos científicos sugieren que el coeficiente intelectual elevado se vincula a la velocidad de procesamiento, o a qué tan de rápido y precisamente una persona puede comprender la información a la que se expone. Esta información puede provenir de una amplia variedad de inputs sensoriales, incluyendo sonidos, visiones y sensaciones físicas. Responder a una cuestión compleja o computar un problema matemático sofisticado requiere de velocidad de procesamiento, además de otras habilidades cognitivas.

Una serie de estudios han documentado vínculos moderados entre coeficiente intelectual y velocidad de procesamiento. Investigadores de la Universidad de Rochester han conducido nuevas investigaciones para intentar comprender la parte faltante en la ecuación: cuál es la capacidad de ignorar cierta información, y además si ello es tan importante como la velocidad requerida para procesar el paquete informativo.

En primer lugar, los investigadores se propusieron determinar qué tan rápido los 53 participantes en el estudio procesaban distintos tipos de información visual. Una serie de formas fueron proyectadas en una pantalla mientras los participantes eran requeridos a identificar cómo se movían (por ejemplo: de arriba hacia abajo o de izquierda a derecha). Las formas podían ser grandes o pequeñas.

Incomprensiblemente, los participantes generalmente necesitaban más tiempo para procesar las formas grandes que las pequeñas. Este fenómeno, conocido como supresión espacial, es originado por la inclinación natural de prestar menos atención a los movimientos de objetos o formas de grandes tamaños (como ignorar el león en el horizonte para enfocarse en el león del primer plano).

Cada participante recibió una puntuación de su Índice de Supresión basado en las diferencias entre sus tiempos de respuestas para los movimientos de formatos pequeños comparado con los de mayor tamaño.

Los participantes también realizaron una versión de la Escala de Inteligencia Adulta de Wechsler, uno de los test más reconocidos para analizar el coeficiente intelectual. El análisis reveló una fuerte correlación entre el índice de coeficiente intelectual y el índice de supresión, lo que sugiere que las personas con elevado coeficiente intelectual procesaban mejor los movimientos de las formas pequeñas , y algo peor el movimiento de los grandes formatos.

El estudio tiene enorme implicancia en escenarios reales de la vida: la mayoría de las veces el entorno premia al enfoque miope. Cuando conducimos, los automóviles y peatones próximos son los que atraen nuestra atención. Otros hechos que suceden en el entorno son secundarios, como los edificios circundantes, objetos al costado del camino, o gente caminado en las aceras.

El cerebro es complejo y en ocasiones produce perplejidad. Por lo tanto, es gratificante que científicamente se esté tratando de despejar uno de sus misterios. La investigación de la Universidad de Rochester ilumina el entendimiento sobre qué procesos cognitivos se vinculan estrechamente con el coeficiente intelectual y abre frescas perspectivas para nuevas investigaciones sobre la velocidad del procesamiento y la supresión espacial.

La próxima vez que esté en una reunión, reflexione por un instante y analice si confía en la supresión espacial para enfocarse en lo realmente importante.

El futuro de los implantes en el cerebro

¿Qué le parecería  si pudiera tener un chip en la retina que le permitiera ver en la oscuridad, o un implante  coclear que le permita oír cualquier conversación, aún en ambientes muy ruidosos? ¿O, un chip de memoria conectado directamente al hipocampo de su cerebro que le permitiera recordar perfectamente todo aquello que leyera? ¿O, una interface implantada directamente y conectada a Internet que automáticamente traslade un pensamiento silencioso bien articulado a una búsqueda online  y le proyecte la información encontrada directamente al cerebro?

Parecería ciencia ficción. Pero, quizás no por mucho tiempo. Los implantes en el cerebro hoy en día son lo que la cirugía laser fue hace algunas décadas pasadas. Tienen sus riesgos y serán aplicaciones e implantes selectivas, pero conforman los signos del futuro venidero. Igual que los marcapasos, implantes de coronas dentales o implantes de bombas de insulina, los instrumentos  de prótesis neuronal que restauran o suplementan las capacidades mentales con  electrónica insertada directamente en el sistema nervioso, cambiarán la forma de percepción del mundo.

La prótesis neuronal no es nueva, Ha estado disponible por tres décadas, en la forma de implantes cocleares usados en los oídos y en más de 300.000 implantes de oído en todo el mundo.  El año pasado se aprobó el primer implante de retina. Ambas tecnologías utilizan el mismo principio. Un  instrumento externo (micrófono o vídeo cámara) captura sonidos o imágenes y las procesa enviando los resultados a  los electrodos que estimulan el nervio auditivo u óptico,  aproximando lo ocurrido naturalmente desde el oído o el ojo.

La estimulación eléctrica puede mejorar algunos formas de memoria. Usando  una especie de videojuego, siete pacientes fueron invitados a navegar en un entorno de una ciudad virtual con un joystick. La misión era recoger y transportar a un grupo de pasajeros a los que debían dejar en determinadas tiendas. Una estimulación eléctrica apropiada  al cerebro durante el juego aumentó la velocidad y el acierto en las tareas encomendadas.

¿Qué tan cerca  se está para poder disponer de estos instrumentos?  Lo primero que los científicos deberán determinar es la seguridad de estos injertos en el cerebro de las personas. Por el momento, la única opción es perforar con pequeños orificios el cráneo e insertar delgados electrodos hasta alcanzar su destino en las profundidades del cerebro. Los riesgos de infección y de hemorragias internas podrían resultar devastadores e incluso fatales. Los instrumentos externos, no plantean estos riesgos, pero debido a que los sensores están más alejados de las neuronas los resultados son menos efectivos.

Estos obstáculos pueden parecer irresolubles, aunque muchos en realidad son similares a los que enfrentaron los fabricantes de teléfonos móviles dos décadas pasadas, cuando el tamaño de los aparatos era prácticamente similar al de una caja de zapatos. Los implantes neuronales requerirán de mayores avances  ya que una vez implantados no podrán removidos para su mejora.

Una serie de talentosos neuroingenieros están tratando de solucionar estas paradojas (por ejemplo, Michel Maharbiz y José Carmena de la Universidad de California, Berkeley). Tratan de desarrollar una interface neuronal a la que denominan “polvo neuronal”. Miles de microcensores biológicamente neutros, del orden de 1/10 milímetros (aproximadamente el diámetro de un pelo humano) convertirán señales eléctricas en ultrasonidos que podrán leerse fuera del cerebro.

La pregunta real no es si algo como esto se hará realidad,  sino cómo y cuando se hará. ¿Cuántos nuevos avances en la ciencia de materiales, químicas, biología molecular, ingeniería de tejidos y neurociencias serán necesarios? ¿Estos avances requerirán una, dos o tres décadas (quizás más)?

Asumiendo que se estuviera en condiciones de superar estas barreras de bioingeniería, el próximo desafío será interpretar la información compleja provenientes de los 100.000 millones de células nerviosas que conforman el cerebro. La forma de interpretarlo aún es limitada.

Eventualmente, los implantes neuronales irán más allá del uso exclusivo del tratamiento de problemas severos de parálisis, ceguera o amnesia.  También serán adoptados por personas con menores traumas.  Cuando la tecnología avance lo suficiente los implantes se trasladarán desde la estricta reparación de dolencias a mejorar el rendimiento de personas normales. Podrán usarse para mejorar la memoria, enfoque mental, percepción y estados de ánimo.

Una generación temprana de implantes podrá ayudar a golfistas de élite a mejorar su swing aumentando sus prácticas mentales. Otras generaciones más tardías de implantes podrán ayudar a grupos de golfistas a practicar juntos los fines de semana. Incluso los neuro compiladores podrán instalar en el cerebro información acumulada en un año de investigación científica, o en trabajos muy cualificados,  en un solo acto.

¿Estos adelantos harán más feliz, pacífica y productiva a nuestra sociedad?  ¿Qué clase de mundo producirán? Es muy difícil predecirlo.  Sin duda abrirán posibilidades inimaginables. ¿Acaso el mundo no pertenece a los decididos y valientes?

La oxitocina, clave en la fidelidad masculina y la monogamia

La oxitocina,  conocida como la “hormona del amor”, desempeña un importante papel en la  fidelidad y la monogamia, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Bonn. Los científicos descubrieron en su estudio, publicado en la revista Proceedings de la Academia de Ciencias estadounidense, que los hombres con elevadas cantidades de oxitocina en el cerebro ven a sus parejas más atractivas que aquellos con niveles más bajos. Para alcanzar estos resultados suministraron oxitocina mediante un espray nasal a un grupo de cuarenta hombres heterosexuales que vivían con su pareja en el momento del estudio.

Así descubrieron que, ante la visión de la propia pareja, esta hormona se ocupa de activar el centro de gratificación en el cerebro masculino, fortaleciendo de este modo los comportamientos monógamos en los hombres. Este mecanismo biológico actúa de modo muy parecido a una droga, ya que tanto en el amor como en el consumo de drogas se busca estimular el centro de satisfacción del cerebro. La oxitocina estimula el contacto entre las parejas ya que, por medio de éste, se mantiene alto el nivel de esta hormona y ello repercute en una potenciación de la relación sentimental.

Debe señalarse que el hombre constituye una excepción, ya que la monogamia no es un patrón de conducta muy extendido entre los seres del mundo animal.

El cerebro tiene dos ‘relojes’ distintos para controlar el tiempo


El reloj interno del cerebro permite detectar el paso del tiempo, una habilidad esencial para muchas funciones diarias. Sin la capacidad para medir el tiempo transcurrido, muchas de nuestras actividades diarias (la ducha, el desayuno o la conducción) podrían alargarse indefinidamente. Y precisamente es el reloj interno el que nos recuerda que hemos estado, por ejemplo, conduciendo mucho tiempo. Ahora bien, ¿cómo logra realizarlo nuestro cerebro?

Los neurocientíficos creen que tenemos distintos sistemas neuronales para el procesamiento de diferentes tipos de tiempo, por ejemplo a la hora de controlar la sincronización de los movimientos del cuerpo y para el conocimiento consciente del paso del tiempo.

Hasta hace poco la mayoría de los neurocientíficos creían que este último tipo de procesamiento temporal, el del conocimiento consciente del paso del tiempo, tenía su origen en un único sistema cerebral. Sin embargo, nuevos estudios indican que el modelo de contar un solo reloj neuronal podría ser demasiado simplista.

Un nuevo estudio, publicado recientemente en el Journal of Neuroscience de la mano de neurocientíficos de la Universidad de California, Irvine, ha revelado que nuestro cerebro puede albergar, de hecho, un segundo método para la detección de tiempo transcurrido. Y es más: los autores proponen que este segundo reloj interno no sólo funciona en paralelo con nuestro reloj neuronal primario, sino que podría competir con él.

Las investigaciones realizadas sugirieren que una región del cerebro llamada el striatum está en el corazón de nuestro reloj interior central, el cual trabajaría en colaboración con la corteza que rodea al cerebro para integrar la información temporal. Un mecanismo que entraría en funcionamiento, por ejemplo, en el momento en que el cuerpo presta atención a cómo ha pasado el tiempo. La anterior circunstancia se vería en el caso de los enfermos de Parkinson, quienes sufren problemas de percepción del tiempo y que a su vez incorporan un desorden neurodegenerativo que dificulta la entrada de información en el striatum.

Según las evidencias incluidas en el artículo científico, la conciencia del tiempo transcurrido exige que el cerebro no sólo mida el tiempo, sino que también mantenga una memoria de ejecución. Los científicos saben desde hace tiempo que una parte del cerebro llamada el hipocampo es muy importante para recordar experiencias pasadas. Ahora creen que también podría desempeñar un papel al recordar el paso del tiempo. Los estudios de grabación de la actividad eléctrica cerebral en animales habrían demostrado que las neuronas en el hipocampo señalan momentos particulares en el tiempo.

Y es que, sorprendentemente, las personas con daños en su hipocampo pueden recordar con precisión el paso de cortos períodos de tiempo, pero tienen problemas para recordar los intervalos largos de tiempo. Así, los recientes hallazgos sugieren que el hipocampo es importante para la señalización de algunos elementos (pero no todos) de la información temporal.

Etiquetas gráficas para recuerdos específicos


Un equipo de neurocientíficos de la Universidad de Pennsylvania y de la Universidad de Friburgo (Austria) ha descubierto cómo las células cerebrales que codifican la información espacial forman “etiquetas geográficas” para recuerdos específicos y se activan inmediatamente antes de rememorar esos recuerdos. El trabajo realizado mediante el uso de un videojuego en el que las personas navegan por una ciudad virtual para entregar objetos en ubicaciones concretas muestra cómo se incorpora la información espacial en la memoria y por qué recordar una experiencia puede llevar rápidamente a la mente otros acontecimientos que sucedieron en el mismo lugar. Los resultados proporcionan la primera evidencia directa neuronal de la idea de que el sistema humano de memoria etiqueta recuerdos con información acerca de dónde y cuándo se formaron y que el acto de recordar implica el restablecimiento de esas etiquetas.

El estudio incluyó jugar a un sencillo videojuego en el que los participantes tenían que hacer entregas a las tiendas en una ciudad virtual. Primero, los jugadores pudieron explorar libremente la ciudad y conocer las ubicaciones de las tiendas y, cuando comenzó el juego, sólo recibieron instrucciones sobre su siguiente parada sin información de qué estaban entregando. Después de llegar a su destino, se revelaba al jugador la información sobre el elemento que habían llevado y se les indicaba los datos de la siguiente parada. Luego de trece entregas, la pantalla quedó en blanco y se solicitó a los participantes que recordaran y nombraran los artículos que habían llevado en el orden en que les venían a la mente, permitiendo establecer la correlación de la actividad neuronal asociada con la formación de memoria espacial (ubicación de las tiendas) y la recuperación de recuerdos episódicos (la lista de los artículos).

Al solicitar a los participantes que recordaran los artículos que entregaron en las tiendas visitadas, los investigadores pudieron probar si su sistema de memoria espacial se activaba incluso cuando accedían a los recuerdos episódicos. El mapa de las neuronas asociadas con la memoria espacial hizo posible esta comparación. Las llamadas células de lugar son quizás el ejemplo más ilustrativo de una neurona que codifica una representación cognitiva abstracta.

El uso de las grabaciones cerebrales generadas mientras los participantes navegaron por la ciudad permitió a los científicos desarrollar un mapa neural que correspondía a la disposición de la ciudad. Para evitar la confusión de los recuerdos episódicos de los artículos entregados con la memoria espacial de la ubicación de una tienda, los investigadores excluyeron los viajes que fueron directamente hacia o desde esa tienda cuando los situaron en el mapa neural. Disponiendo de estos mapas, los autores fueron capaces de cruzar las referencias de la memoria espacial de cada participante, al acceder a sus recuerdos episódicos de los artículos entregados y comprobar que las neuronas asociadas a una determinada región del mapa se activaron inmediatamente antes de que un participante nombrara el elemento que entregaron a una tienda en esa zona.

Al iniciar la investigación en neurociencias, tanto en la cognición humana como en la animal, se sugirió que el hipocampo tiene dos funciones distintas: el papel de cartógrafo, (seguimiento de la información de ubicación en la memoria espacial), y el papel del escribano (grabación de los acontecimientos para la memoria episódica). El experimento es una demostración de que estos roles se entrelazan. El hallazgo demuestra que la rememoración espontánea de un recuerdo activa su etiqueta geográfica neural y sugiere que las funciones de la memoria espacial y episódica del hipocampo están íntimamente relacionadas y pueden reflejar una arquitectura funcional común.

Cerebro claro, hasta transparentar


¿Cómo lograr un cerebro transparente? ¿Y de lograrse, para qué serviría? En la Universidad de Stanford, los científicos han respondido a este nuevo desafío y en abril de 2013 han publicado una serie de artículos en los que documentan el desarrollo de un cerebro de una rata completamente transparente. Han logrado un verdadero avance neurocientífico, que contribuye a conocer como funciona -y como no- el cerebro. Parte de la dificultad para esta tarea ha sido la limitación de técnicas disponibles de investigación. Para discernir los circuitos celulares del cerebro, los investigadores diseccionaban el órgano y luego lo reconstruían en modelos tridimensionales: un laborioso e inexacto trabajo científico.

El nuevo método, conocido como “Clarity” mantiene el cerebro postmortem intacto (no seccionado en ninguna forma) con la complejidad tridimensional de sus redes y estructuras moleculares completamente intactas, posibilitando la medición y pruebas con luz y componentes químicos. La técnica es el resultado de seis años de esfuerzos para extraer los lípidos opacos del cerebro mientras se preservan otros componentes importantes. Los lípidos son las moléculas que contribuyen a las formación de membranas otorgándole al cerebro gran parte de su estructura, aunque lo hacen impermeable tanto a los elementos químicos como a la luz, perjudicando la investigación. Sin embargo, remover los lípidos provoca la separación de los tejidos.

Los científicos sostienen que la eliminación de lípidos de forma no destructiva permitirá que tanto la luz como las macromoléculas penetren en los tejidos permitiendo además de las imágenes 3D, el análisis molecular 3D del cerebro.

La metodología reemplaza a los lípidos por hydrogel. El cerebro es mantenido en suspensión acuosa y tratado con moléculas de hydrogel. Luego, cuando se lo calienta lo suficiente, las moléculas de hydrogel coagulan en largas cadenas de polímeros, formando una malla invisible que mantiene encapsulado al cerebro y, como por arte de magia, no liga a los lípidos, los cuáles pueden extraerse mediante un proceso separado.

Lo que produce es un cerebro transparente con todas su neuronas, axones, dentritas, sinapsis, proteínas, ácidos nucleicos y otros componentes en su sitio. Los científicos pueden teñir, quitar color y volver a colorear el cerebro con anticuerpos fluorescentes para explorar distintos objetivos moleculares. Los datos pueden luego agruparse entre sí para crear mapas complejos y detallados de los circuitos y estructuras cerebrales. “Clarity”, también aplicable a otros sistemas biológicos, implica un avance científico de gran magnitud para las neurociencias y todo el conocimiento aplicado.

Cómo funciona el cerebro


En los últimos 20 años los neurocientíficos han demostrado cuáles áreas del cerebro reaccionan o se activan cuando la persona se expone a un objeto, cuándo escucha sonidos, ama, odia, planifica o actúa. Estos estudios han constituido un relevante primer adelanto. Asimismo, han evolucionado en comprender cómo funciona el cerebro. Se han asociado habilidades especiales a áreas específicas del cerebro, produciendo algo similar a la frenología que en el siglo XIX asociaba características psicológicas a la forma del cráneo, cabeza y facciones faciales.

La mayoría de las personas, sin embargo se apasiona más por entender la mente que el cerebro. ¿Por qué actuamos como actuamos? Asociar una parte de la mente a otra del cerebro aporta poco a la respuesta. Después de todo, desde hace más de un siglo se sabe que nuestra mente es el resultado de una serie de “cosas” entre el cuello y la parte superior de la cabeza, aunque ayude poco a entender como funciona la planificación o visión de las cosas.

Nuevas técnicas permiten en la actualidad a los investigadores observar la actividad del cerebro. Lo que surge es muy diferente de un enfoque frenológico. De hecho, numerosas áreas del cerebro son multitarea; están involucradas en numerosos tipos de experiencias y actividades. El cerebro es, además, dinámico. Puede responder de forma distinta al mismo estímulo o acontecimiento en momentos y circunstancias diferentes.

Una nueva investigación realizado en la Universidad de California, Berkeley, ilustra perfectamente esta nueva visión. Una serie de individuos, en un escáner de resonancia magnética funcional (IRMf) vieron durante media hora unas secuencias largas, combinadas con otras breves, en video clips con escenas cotidianas. Los científicos organizaron el contenido del vídeo en centenares de categorías, describiendo a cada segmento según incluyera una planta o un edificio, un gato o un reloj.

Luego, dividieron el cerebro en pequeñas secciones con una parrilla tridimensional y grabaron la actividad por segundo en cada sección. Usaron sofisticados análisis estadísticos para identificar la relación entre patrones de actividad en el cerebro según el contenido de los vídeos. El ejercicio requería que algunos participantes miraran en los vídeos o personas o vehículos. Cuando veían a seres humanos, gran actividad en el cerebro se convertía en “detector humano”, más sensible a seres humanos que a vehículos. Para los que veían vehículos, la actividad del cerebro se convertía en “detector de vehículos”. Y cuando los individuos miraban a humanos sus cerebros también se convertían en más sensibles a objetos relacionados, como gatos o plantas. Cuando veían vehículos, sus cerebros se convertían en más sensibles a relojes o edificios.

De hecho , el patrón de respuesta de la mayoría de áreas en el cerebro se modifica cuando las personas cambian su foco de atención. Algo indiscutible es que cuando se enfoca la atención en algo, puede lograrse que el cerebro funcione en forma diferente.

Transformar la actividad del cerebro en palabras


Espectogramas y modelos informáticos deconstruyen y reconstruyen las respuestas neuronales de las conversaciones: las palabras pueden reconstruirse según reaccionen las neuronas en el cerebro. La actividad eléctrica del cerebro puede decodificarse para reconstruir aquellas palabras que escucha una persona.

Mediante la grabación de la actividad cerebral de 15 personas, en la Universidad de California, Berkeley, se han evaluado procedimientos neuroquirúrgicos que han permitido colocar electrodos en la superficie misma del giro temporal superior (GTS), parte del sistema auditivo del cerebro para grabar las respuestas de la actividad neuronal humana a palabras y frases pregrabadas.

La idea era que el GTS participaba en los estados intermedios del procesamiento de las palabras, como la transformación de sonidos en fonemas, sonidos del habla y poco era lo que se sabía sobre qué aspectos específicos representa para cuestiones como la fluctuación del volumen o de sílabas o reconocimiento de sílabas. La cuestión es cómo comprender las palabras, independientemente de las diferentes variables: voz masculina o femenina y conversación pausada o rápida. Se han podido construir modelos informáticos que permiten testar hipótesis sobre cómo el cerebro realiza esta tarea y luego comprobar si estos modelos obtienen las grabaciones del cerebro. Para analizar la información de las grabaciones de los electrodos se utilizan algoritmos diseñados para extraer características de las palabras como periodo de tiempo y cambio de volumen entre sílabas.

Se introdujeron los datos en modelos informáticos para reconstruir los espectogramas, y se pudo demostrar cómo las características cambian en el tiempo para cada palabra. Los espectogramas pueden reproducir los sonidos que escuchaban los participantes del estudio; durante la percepción de la conversación, el cerebro codifica e interpreta señales acústicas complejas formadas por múltiples frecuencias que cambian en pequeñas escalas de tiempos (diez mil veces por segundo). Los últimos hallazgos van más allá, interpretando el proceso por el cual el cerebro humano convierte señales en significados, y podría tener una diversidad de aplicaciones.

Las investigaciones también se orientan a analizar las similitudes entre conversación escuchada e imaginada ya que existe evidencia que tanto las percepciones como el imaginario se activan de forma muy similar en el cerebro. Esta similitud puede contribuir al desarrollo de interfaces informáticas del cerebro que decodifique la actividad asociada con la conversación imaginada de personas impedidas de comunicación (personas con enfermedades motoras neuronales).

Los siguientes pasos en las investigaciones se orientan a analizar los patrones de respuestas a otros estímulos, como música o sonidos ininteligibles para poder compararlos con los resultados de los estudios anteriormente descritos. Los resultados permitirán determinar los tipos de transformación y de representación surgidos de la percepción de la conversación normal.

Lectura de los sueños en el cerebro


Los científicos ya pueden leer los sueños mediante escáneres cerebrales que, mientras se duerme, decodifican su contenido visual. A través del uso de neuroimágenes se han analizado a tres personas mientras dormían (ATR Computational Neuroscience Laboratories en Tokyo) y se han grabado simultáneamente las ondas cerebrales de sus sueños mediante electroencefalografía (EEG). Los investigadores despertaron a los participantes en el estudio cuando detectaban patrones en el cerebro asociados con sueños, interrogándolos sobre su contenido. Luego se le solicitaba que siguieran durmiendo.

El experimento se realizó en bloques de tres horas, repitiéndose entre siete y diez veces en días diferentes para cada participante. Durante cada bloque los participantes fueron despertados diez veces por hora. Cada uno indicó tener seis o siete sueños visuales por hora, por lo que los investigadores produjeron más de 200 informes.

La mayoría de los sueños reflejaron experiencias del día, aunque algunos contenían eventos inusuales, como conversaciones con famosas celebridades. Los investigadores extrajeron palabras clave de los informes verbales de los participantes y construyeron 20 categorías, como: “auto”, “mujer” y “ordenador”, que resultaron ser las más frecuentes en los informes sobre sus sueños.

Los investigadores seleccionaron fotografías para ilustrar a cada categoría y escanearon los cerebros de los participantes mientras veían las imágenes. Luego las compararon con los patrones de actividad cerebral grabados pocos segundos antes de ser despertados. Se analizó la actividad en las área del cerebro V1, V2 y V3, involucradas en los procesos primarios del procesamiento visual y que codifica imágenes de escenas visuales, como contrastes y orientación. También analizaron otras regiones involucradas con funciones visuales más complejas, como la de reconocimiento de objetos.

Los hallazgos sugieren que los sueños y las percepciones visuales comparten las mismas representaciones neuronales en el orden más elevado de las áreas visuales del cerebro. Implica que los sueños activan las áreas del cerebro involucradas con el imaginario.

Al mismo tiempo se ha documentado que el recuerdo de los sueños se basa en la memoria de corto plazo, ya que éstos eran mejor descritos inmediatamente (10 segundos) cuando se despertaba a los participantes. Numerosos datos han sido obtenidos por el movimiento rápido de los párpados (REM), que también se asocia a los sueños, aunque sólo comienzan a producirse luego de una hora de haberse dormido. Toda esta información, permite comprender mejor la función del sueño con gran amplitud y rigor científico.

Pronombres y personalidad

Verbos, adjetivos y adverbios constituyen la mayor parte de nuestra comunicación; nos ayudan a expresar nuestras ideas. Las palabras funcionales, incluso, nos permiten sintetizar el lenguaje y expresarnos brevemente. Se necesitan, sin embargo, una serie de habilidades sociales para usar y comprenderlas ya que se procesan de forma diferente en el cerebro.

Son esenciales para comprender las relaciones verbales en la conversación, objetos y otras personas. Cuando se analizan a personas que las utilizan se puede obtener una idea de su estado emocional, personalidad, edad y clase social. Los pronombres indican donde las personas enfocan su atencìón . Si alguien usa el pronombre “yo” , proyecta un signo de autoenfoque. Las personas deprimidas usan el “yo” con más frecuencia que las personas emocionalmente estables. Las personas de menor estatus también la usan con más asiduidad.

La persona que miente, tiende a usar “nosotros” con más énfasis en sus argumentos, evitando pronunciarse en primera persona. Estas personas, asimismo, usan con más frecuencia las palabras “pero”, “sin” y negaciones como “no”, “ninguno” y “nunca” con más continuidad. Recientemente, investigadores de la Universidad de Texas han analizado transcripciones de testimonios en las Cortes y han podido documentar con claridad este patrón.

Se asume que el hombre usa mucho más la palabra “yo” al ser más narcicista. Sin embargo, las investigaciones en diferentes grupos culturales demuestran que la mujer usa mucho más las palabras “yo”, “mi” y “mío”. La mujer es mucho más alerta y conocedora de su estado interior. El hombre usa más artículos: “un”, “uno” y “el”. Significa que el hombre habla más de objetos y cosas. Los artículos se utilizan cuando se hace referencia a objetos concretos, ya que siempre preceden a nombres específicos.

La mujer usa más los pronombres en tercera persona: “el”, “ella”, “ellos”. Se debe a que habla más sobre personas y relaciones, en las que son mejores especialistas para su gestión. Y, normalmente, las relaciones son más complejas de manejar.

La gratitud contribuye a que hoy puedas tener un gran día

Cultivar la gratitud como comportamiento produce mejor estado de salud, sueño profundo, menos ansiedad y depresión, mayor satisfacción de vivir y mejores comportamientos con los demás, incluyendo el vínculo romántico. Nuevos estudios demuestran que el sentimiento de gratitud genera menos agresividad en las personas que han sido provocadas, e incluso que aumenta la creatividad individual.

Una investigación solicitó a los participantes en el experimento a que diariamente hicieran un listado de cinco cosas por las que se sentían agradecidos, como generosidad de un amigo, algo que se aprendió o el disfrute de un sereno atardecer. El listado era corto, y además exigía redactar una frase incluyendo las palabras identificadas, una vez por semana. Luego de dos meses se descubrieron efectos significativos. Comparados con los obtenidos en el grupo de control, las personas que habían realizado el ejercicio se mostraron más optimistas y felices. Además, demostraron menores molestias físicas y desarrollaron más trabajos al aire libre.

Mayores beneficios fueron observados cuando se estudiaron los efectos en personas afectadas por poliomielitis o con problemas neuromusculares. Aquellas que ejercían la gratitud reportaban mayor felicidad y optimismo que las del grupo de control, observaciones corroboradas por las propias esposas/maridos. Asimismo, aseguraron haber disfrutado de un sueño más profundo, prolongado y reparador.

Otros estudios realizados con estudiantes consistieron en evaluar una pieza escrita. Algunos recibieron una valoración satisfactoria, otros una calificación deshonrosa: “Este es uno de los peores escritos que he evaluado en mi vida profesional”.

Luego los estudiantes compitieron en un juego electrónico con el evaluador. El ganador decidía él tono de la crítica hacia el perdedor. Según lo esperado, los estudiantes que habían sido humillados verbalizaban una crítica mucho más severa que aquellas de los estudiantes con evaluaciones positivas.

Sin embargo, hubo una excepción en este comportamiento. Un subgrupo de estudiantes fueron solicitados que escribieran sobre acciones de las cuales se sentían agradecidos. Todos fueron criticados duramente. Sin embargo su contra crítica no resultó para nada severa.

La gratitud es más que sentirse bien. Ayuda a disminuir la agresividad, aumentado la empatía. Es una emoción que, en todo momento, uno puede experimentar y resultar beneficiado.

Las neuronas espejo en el cerebro se activan cuando se observa una reacción emocional en los demás, suministrando las bases neuronales de la empatía. Ayudan a crear comportamientos contagiosos que resultan tan integradores en la vida social (la pena compartida en un funeral, la alegría compartida en una celebración de cumpleaños o boda).

La inteligencia social es un fenómeno funcional y biológico. Permite desarrollar e incrementar el reconocimiento de la mente de los demás, y producir las habilidades necesarias para mantener relaciones apropiadas. Son elementos funcionales en términos de procesamiento de sistemas cognitivos que regulan diversos comportamientos sociales.

Oscilaciones del Coeficiente Intelectual

Los jóvenes pueden mejorar su coeficiente intelectual hasta en 20 puntos sólo en pocos años, lo que sugiere que la inteligencia personal no es algo fijo, como se pensaba. Las investigaciones recientemente desarrolladas sugieren, asimismo, que las modificaciones en las puntuaciones se correlacionan con pequeños cambios físicos en áreas del cerebro vinculadas a las capacidades intelectuales.

Habría factores del entorno que modifican el cerebro y la inteligencia en períodos de tiempo relativamente cortos, lo que resulta muy sorprendente. Los test de coeficiente intelectual típicamente analizan la capacidad mental mediante baterías de tests estándares sobre conocimiento lingüístico, habilidad espacial, matemáticas, memoria y razonamiento. El promedio considerado como estándard es de 100 puntos. Hasta hace muy poco se asumía que la capacidad intelectual permanecía constante a lo largo de la vida.

Los nuevos descubrimientos realizados en el University College de Londres demuestran que el coeficiente intelectual, normalmente utilizado para predecir el rendimiento escolar, académico o capacitación para el puesto de trabajo, es mucho más maleable de lo que se creía y más susceptible a influencias exteriores (tutorías versus desidia).

La posibilidad de incrementarlo en 20 puntos significa una gran diferencia; puede implicar posicionarse en el promedio o entre los privilegiados. Por el contrario, también puede significar ser categorizado como infradotado.

Al analizar los rendimientos verbales y no verbales del coeficiente intelectual, se ha descubierto que estas facetas fundamentales de la inteligencia pueden cambiar significativamente, aún en casos en que la puntuación del coeficiente intelectual se mantenga relativamente constante.

Los incrementos, o disminuciones en las puntuaciones cuando se mide el coeficiente intelectual verbal, estarían vinculados a cambios en el área del cerebro asociada al discurso, mientras que las modificaciones en las del coeficiente intelectual no verbal involucraría a las áreas relacionadas con el control motor y movimiento de las manos.

En años recientes, los científicos han documentado que la experiencia puede alterar el cerebro. Por ejemplo, la red sináptica neuronal se expande como respuesta a ciertas actividades y se contrae por falta de acción. Músicos expertos, malabaristas de circo, conductores de taxis de Londres estudiando mapas hasta el peculiar caso de los guerrilleros colombianos aprendiendo a leer han producido cambios en el cerebro vinculados a las prácticas realizadas.

Un aspecto importante de los resultados obtenidos es que las capacidades cognitivas pueden aumentar o disminuir. Aquellos mentalmente activos disfrutarán de los beneficios. Los que no se ejerciten intelectualmente pagarían su precio.

 

 

Sentido natural de los números

Los niños poseen un “sentido numérico” que puede correlacionarse con aptitudes matemáticas. Los resultados se han documentado incluso en niños de 3 años.

Recientes investigaciones se han orientado a descubrir el sentido numérico o intuición (que no involucra el cálculo) vinculado con la noción de menos o más.

La conclusión es que esta capacidad existe en todas las personas, incluyendo niños y personas analfabetas. La investigación, realizada en niños en edad pre escolar, consistió en exponerlos a puntos azules y amarillos agrupados y parpadeantes en la pantalla de un ordenador. Los niños debían estimar cuál grupo de puntos tenía el número mayor. Debido a que la pantalla parpadeaba y no podían contar los puntos, debían emplear su sentido numérico.

Los que tenían mejor sentido numérico también eran mejores en el cálculo matemático simple presentado por los investigadores. Los niños fueron solicitados a contar el número de imágenes en una página de revista, leer números y realizar cálculos sencillos.

Previos estudios han demostrado que existe una conexión entre el sentido numérico y la habilidad matemática en los adolescentes. Recientemente, se han realizado los primeros estudios para explorar esta conexión en los niños con poca educación formal.

Comprender este fenómeno puede contribuir a mejorar la enseñanza de las matemáticas en los niños. Programas de entretenimiento infantil, películas, libros, juegos o programas educativos pueden diseñarse para que los niños mejoren y aumenten sensiblemente su sentido numérico.

Comportamiento cooperativo en lo alto

Tendemos a asociar la altura con lo bueno. El cielo está por encima de nosotros. El infierno está por debajo. A Dios se lo considera aparecido en las alturas, nunca en un valle profundo. Se admira a aquellos que se elevan. Parecería que las asociaciones de la altura con lo bueno, el bien o lo divino está enraizada en nuestro subconsciente y afecta el comportamiento.

Un estudio realizado en la Universidad de North Carolina, en Chapel Hill, ha analizado cómo la posición física de las personas afecta a la probabilidad de vincularse a tareas “pro sociales” o hacer buenos actos u obras. Un experimento consistió en pedir una donación caritativa a visitantes de un centro comercial, inmediatamente de haber subido ( o bajado) por una escalera . El resultado fue que el 16% de las personas que subían, versus el 7% de las que bajaban o el 11% que se mantuvieron en el mismo nivel alejadas de las escaleras, contribuyó con más del doble que el promedio-

Otro estudio fue realizado en un ámbito más controlado y con personas seleccionadas al azar. Los sujetos que subieron escaleras dedicaron un 68% más de esfuerzo a ayudar al líder del experimento en una tarea, que aquellos que habían bajado.

La localización física no es un componente esencial del efecto alto/bajo. En otro experimento, los sujetos fueron expuestos a vídeos filmados desde un avión y un automóvil. Se les solicitaba que se imaginaran participando en el vídeo. Las personas en las condiciones “altas” fueron un 60% más cooperativas que las personas en las condiciones “bajas”, en actividades en las que se asumía ayudaban a otra en un juego en el ordenador.

Las implicaciones para las instituciones sin fines de lucro parecen claras. Al depender de donaciones y del voluntariado, la localización de las mesas receptoras de contribuciones próximas a escaleras que suben parece obvia. Estos hallazgos pueden influir también en la localización de espacios físicos de trabajo. Los voluntarios que suban escaleras estarán más dispuestos al trabajo, y a realizarlo por más tiempo. La generosidad aumenta con la altura.

En el campo empresarial, donde la cooperación es importante, usar la altura puede ser un buen ingrediente a incluir en los ejercicios de construcción de equipos o para involucrar y convencer a participar en proyectos complejos.

¿La altura logra que los clientes predispongan un marco mental cooperativo? Parecería que producir intercambios y cerrar procesos de venta puede resultar más sencillo si el cliente está en un estado “elevado”, aunque no se haya demostrado aún en ningún experimento riguroso.

Cómo piensan los bebés

Hace treinta años, la mayoría de psicólogos, filósofos y psiquiatras pensaban que los bebés y los niños pequeños eran irracionales, egocéntricos y anormales. Asumían que estaban “bloqueados en lo concreto de aquí y ahora”, imposibilitados de comprender causas y efectos, imaginar la experiencia de terceros o apreciar la diferencia entre realidad y fantasía. Algunas personas siguen asociando a los niños como “adultos defectuosos”.

Sin embargo, en las últimas décadas los científicos han descubierto que aún los niños más pequeños saben más de lo que se creía posible. Los estudios demuestran que los niños aprenden las cosas de la misma forma en que lo hacen los científicos: realizando experimentos, analizando estadísticas y formulando teorías intuitivas de condiciones físicas, biológicas y psicológicas-

Desde el año 2000 los investigadores han comenzado a comprender los mecanismos operacionales evolutivos y neurológicos que caracterizan a estas excepcionales capacidades tempranas. Estos descubrimientos evolutivos, además de modificar nuestras ideas sobre los bebés, proporcionan una perspectiva fresca de la propia naturaleza humana.

– Los bebés y los niños pequeños pueden imaginar experiencias de terceras personas e imaginar causa y efecto.

– Los frecuentes y prolongados periodos de inactividad de los bebés pueden originar una evolutiva transformación, una necesaria consecuencia de tener un cerebro conectado para el prodigioso desafío del aprendizaje y de la creatividad.

Vejiga llena… mejores decisiones

Los científicos acaban de descubrir que la vejiga llena contribuye a la toma de mejores decisiones. Por lo tanto, si consideras en este momento comprar un producto o servicio de alto desembolso, acciones o invertir en un fondo de inversión, un “sabio” consejo sería: beber un litro de agua primero, esperar un rato, y luego tomar la decisión.

Las investigaciones han determinado que los mecanismos de auto control provocan en el cerebro restricciones en todas las áreas al mismo tiempo. Han demostrado que las personas con la vejiga llena están mejor preparadas para el autodominio en decisiones importantes, ya que pueden producir mejores juicios. El autocontrol sobre la vejiga activa las mismas áreas del cerebro que se iluminan con el sentimiento del deseo y la recompensa.

El estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Twente, Holanda, y publicado recientemente en la revista Psychological Science, también describe que el sólo hecho de pensar en palabras relacionadas con cuestiones urinarias genera el mismo efecto. Estos hallazgos contradicen a otros estudios previos, que asumían que las personas obligadas a autocontrolarse ejercen mayor presión en el cerebro, lo que complica el autodominio. Así, las personas estarían más dispuestas a controlar sus impulsos para placeres de corto plazo y seleccionar mejores opciones que tuvieran mayores beneficios en el largo plazo.

En el estudio se solicitó a un grupo de voluntarios que bebieran cinco vasos de agua que contenían 750 mililitros o que dieran pequeños sorbos en cada uno de los cinco vasos. Luego de 40 minutos, el tiempo estimado en que el agua se deposita en la vejiga, los investigadores les solicitaron que realizaran ocho elecciones las cuales producían recompensas pequeñas e inmediatas versus mayores y postergadas. En función de una u otra, recibían 12 euros en el primer caso o 26 euros a los 35 días. El estudio determinó que las personas con la vejiga llena decidían postergar la recompensa.

Analizando este ejemplo con los alumnos del programa master en el IE Business School, uno de ellos concibió la idea de que para impulsar las compras habría que tener disponibilidad de baños para los clientes, ya que estarán más dispuestos a comprar por impulso cuando las necesidades urológicas hayan sido debidamente atendidas.

El cerebro se esfuerza por recordar los detalles

Suele ser complicado recordar un nuevo password, luego que el anterior haya expirado, o memorizar nuevos números de teléfono.

Se debe a que la memoria compite por recordar viejos y nuevos recuerdos, asociados con lo mismo.

Los investigadores propusieron a los sujetos bajo estudio ciertas palabras caracterizadas con asociaciones, tanto con rostros humanos como con escenas. Cuando se escaneaban y se les solicitaba recrear las asociaciones originadas, el flujo sanguíneo se dirigía a ciertas regiones del cerebro, usadas para recordar rostros y escenas.

La mayoría de las personas se enfrentan a esta competición.

Si aparca diariamente en el mismo parking, pero en plazas diferentes en función de la disponibilidad de espacio, puede que más de una vez vaya a buscar su automóvil al lugar en el que aparcó el día anterior. No significa que haya olvidado donde aparcó hoy mismo, sino que recuerda dónde aparcó ayer.

Deporte y atención cerebral

¿Quién puede cruzar más rápido y seguro una avenida muy transitada… un deportista o un estudiante universitario?

Los resultados de un singular experimento acaban de publicarse en The Journal of the American College of Sports Medicine.

Un grupo voluntario de estudiantes muy aficionados a la práctica deportiva y otro grupo menos dedicado al deporte participaron en una investigación en la Universidad de Illinois, Urbana-Champaign. Todos fueron expuestos en reiteradas ocasiones a una pantalla donde se emitían imágenes de un paisaje urbano virtual, y concretamente a una avenida donde los automóviles circulaban a alta velocidad, sorteando un tráfico muy denso.

Luego, eran instruidos para que, cuando se sintieran seguros, cruzaran la avenida (caminando, nunca corriendo), aunque con un límite de 30 segundos. En algunos intentos no tenían distracciones. En otros, escuchaban música a través de headphones o emulaban chatear o hablar por teléfono con un amigo. Cada voluntario tenía 96 oportunidades para cruzar la avenida.

El nivel de éxito varió. Aunque el índice de cumplimentación fue del 85 por ciento (cruzaban sin incidentes o impactos virtuales) los atletas, con un margen sustantivo, cumplieron con mayor éxito

Lo sorprendente del resultado es que no estuvo en función de su mejor condición física o atlética. Nunca caminaron más rápido que los otros estudiantes, ni esquivaban los autos con mayor maestría o agilidad. Lo que hicieron mejor fue procesar la información, mirar a ambos lados más veces y evaluar los datos con mayor rapidez y precisión. No se movieron más rápido, sino que pensaron más rápido.

Es posible que la práctica del deporte no haga que las personas procesen mejor la información en el cerebro. Podría ser lo contrario, que estuvieran agraciadas con una natural habilidad para procesar información y, como resultado, convertirse en entusiastas atletas. Asimismo, es muy probable, que hasta un cierto nivel, se deba a ambas circunstancias.

Lo relevante es que la práctica deportiva agiliza el funcionamiento del cerebro, tanto en rapidez como en el pensamiento táctico. Incrementa la concentración y la capacidad para enfrentar decisiones urgentes, sin incidencias.

Última píldora: cuando se cruza una avenida habría que evitar hablar por el teléfono móvil.

Escuchar música no incrementó el número de accidentes, pero hablar por teléfono sí lo hizo, incluso entre los atletas.

Algo sobre la naturaleza humana

El columnista y escritor David Brooks acaba de publicar el libro “The Social Animal: The Hidden Sources of Love, Character, and Achievement”, (Random House, 2011), en el que narra una historia imaginaria de dos personajes, Harold y Erika. El relato le permite construir un análisis muy interesante sobre la naturaleza humana y social.

Sostiene que la mente consciente construye la autobiografía de nuestra especie. Despreocupada de lo que sucede en su interior, la mente consciente se asigna papeles y se otorga autoconfianza para desarrollar una serie de tareas que realmente no controla.

El conocimiento que nos convierte en puntillosos no proviene de la introspección, sino de las observaciones sistemáticas del entorno, de los experimentos y de la estadística.

Lo más importante, el ideal platónico de apasionarse por el control de la razón puede provocar errores políticos, ya que los argumentos e incentivos racionales no pueden cambiar las fuentes asentadas de error. Sólo las influencias sociales persuasivas, que afectan a la actividad inconsciente del cerebro, pueden lograrlo.

Más aún, las emociones asignan el valor de las cosas y la razón sólo toma decisiones sobre las bases de estas valoraciones.

En lo más profundo del cerebro se almacena un gran volumen informativo, originado en la genética, cultura, familia y educación. Nuestros pensamientos están profundamente moldeados por este largo flujo histórico, y nadie existe o se construye, aisladamente de él.

Estas ideas no son nada novedosas. La importancia y legitimidad de los sentimientos e influencia social como determinantes de la conducta humana fueron enfatizadas en distintas épocas por figuras como David Hume, Adam Smith y Edmund Burke. Hume negó el dominio de la razón, y propuso análisis brillantes sobre la complejidad con la que operan los sentimientos y pasiones.

¿Qué han aportado las ciencias cognitivas recientemente? Lo más significativo sería la acumulación de evidencia científica de las diversas formas en que nuestras vidas y conductas están mucho menos bajo nuestro control consciente de lo que creemos.

Recompensas y perspectivas a largo plazo

Algunos grupos de personas lo hacen mejor que otros cuando desarrollan normas y habilidades sociales. Por ejemplo, los niños de comunidades inestables o desorganizadas tienen más dificultades para adquirir las disciplinas facilitadoras del éxito en la vida.

Un famoso experimento realizado en la década de 1970 demostró que la habilidad de niños de 4 años para postergar la recompensa (esperar un rato sin probar la golosina ante la promesa de recibir una segunda) constituía un excelente pronosticador de éxito en la vida.

Los niños que pudieron esperar 15 minutos tuvieron, 13 años a posteriori, puntuaciones en test de coeficiente intelectual, muy superiores a la de los niños que sólo pudieron esperar 30 segundos. Veinte años más tarde, exhibían mayor índice de finalización de estudios universitarios, y treinta años más tarde mayor nivel de ingresos.

Los niños que no pudieron esperar ni un segundo, tuvieron los mayores índices de encarcelamiento. Sufrieron problemas de adicción de drogas y alcohol.

El Autor

Roberto Álvarez del Blanco

Es una de las principales autorida- des internacionales en marketing y estrategia de marca. Profesor del IE Business School.

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